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Dos propuestas

Hoy, cuando se está tramitando una reforma a la Ley de Educación LOEI, nos permitimos entregar dos sugerencias que nacen de la experiencia de estos últimos años y de los resultados que en nuestro país han dado las modalidades que en algún momento se tomaron.

La primera tiene que ver con la estructura de los niveles de estudio escolarizado, Nadie discute ya que los cambios más importantes en el cerebro humano se construyen alrededor de los dos años; por tanto, sería conveniente que la educación inicial arrancase desde los 2 hasta los 5.

Los diez años de educación básica nada han aportado y ciertamente solo sirvieron para juntar en espacios poco definidos o diferenciados y casi nada supervisados, a edades que juntas pueden ser peligrosas por el riesgo no solo del ‘bullying’ o el acoso sino por el puente negativo que de hecho se da cuando los doce, trece y catorce impactan e influyen con su ejemplo a los menores, anticipando además: sexo, drogas, etc.

La primaria o como quiera llamársela, debe durar seis años y el nivel medio, como hoy lo conocemos, debe dividirse en dos para atender de manera separada edades entre los doce, trece, y los dieciséis y los diecisiete.

Fusionemos: doce y trece, o doce, trece y catorce, para preparar al púber o adolescente temprano, afectiva y emocionalmente para el encuentro con una adolescencia cada vez más difícil, mejor informada y más agresiva en sus formas.

La otra sugerencia tiene que ver con el bachillerato general unificado que ha sido un fracaso medible por sus frutos. Las universidades jamás se han quejado tanto del nivel con que llegan los novatos como ahora, al punto que se han planteado el generar años propedéuticos para repasar y llenar vacíos. El bachillerato, si formamos para la vida, tiene que entregar las herramientas intelectuales y emocionales que el joven necesita.

Que se permitan los bachilleratos en arte, técnicos y especializados para que el alumno pueda ir mejor preparado a la siguiente etapa que ha elegido. Cuidado, por caer en modernidades no aplicables seguimos fracasando.