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Domingo siete

Hoy día se debe escribir con cuidado, con autocensura, para no meter la pata. Conste que respecto a las metidas de mano el país se descuidó y ahora estamos pagando las consecuencias. Lo de “pagando” no es metáfora, la magnitud de nuestra deuda es inconmensurable. También es imposible de medir la impudicia de nuestros jueces. Como las excepciones que confirman la regla, por supuesto, jueces probos ha habido y habrá pero, la mayoría son un asco, por su impreparación y deshonestidad, y claro, también por su ignorancia. Ojo que no todo lo que señalo es responsabilidad de ellos. Mucho tiene que ver la calidad de su formación y ello nos lleva al tema de la preparación de sus maestros, al espinoso asunto de la calidad educativa de nuestros centros de educación superior y de los centros de estudio en general. También al feo tema de la ausencia de ejemplaridad pública. (¿Si arriba roban y hacen y deshacen, por qué yo tengo que actuar de otra manera? Igualmente a diferenciar (siempre son antipáticas las comparaciones) entre notorios y notables, ahora que están en pleno auge las candidaturras. (Turras escribo, señora correctora de pruebas). Ojalá se preocupasen más de tener una oferta de candidatos más o menos potables y no lanzarnos al ruedo electoral lo primero que se los ocurre a los caciques dueños de los partidos, por notorio que sea el personaje; lo importante sería tener gente notable, que si además es notoria, en buena hora. Siguiendo hacia atrás, conviene recordar que todo parte de la calidad de las neuronas de los estudiantes y de sus profesores y ella deriva de la calidad de la alimentación recibida por sus madres y por el fruto por nacer. Y la calidad de la alimentación surge no solo de un reparto más equitativo de la riqueza sino también de una capacidad de producir más y mejor, que ahora llaman productividad. En fin, el país da lo que da y lo demás son pretextos.

Si se hubiesen puesto a pensar en posibilidades, los patriotas que hicieron el 9 de Octubre aún estarían reflexionando. El avance requerido hay que lograrlo con la gente con que contamos. Ojalá todos fuesen virtuosos, pero siendo ello imposible, vale la pena recomendar que escojan un poquito más las propuestas. Hay en los partidos otra gente preparada.