El dolor de Bajos de las Palmas

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El dolor de Bajos de las Palmas

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Los Bajos de Las Palmas es un sitio que carece de agua potable y de otros servicios básicos. Sus calles polvorientas se mezclan con el silencio de los callejones, donde solo se percibe soledad, casas cerradas y abandonadas. Su propietarios, que residen en Venezuela desde hace algunos años y se fueron en busca de mejores días, ahora piden a gritos regresar y buscan ayuda de las autoridades para huir, según dicen, de la miseria y violencia que se vive en ese país. En la comuna actualmente residen unos 3 mil habitantes, que se dedican a la albañilería y la elaboración de muebles y sombreros de paja toquilla. En este lugar -dicen- no existe la delincuencia y son muy organizados a la hora de prestar ayuda algún miembro de la comunidad en apuros. Incertidumbre, silencio y miedo es lo que hoy se respira en este pueblo ubicado al sureste de Montecristi: cinco de sus lugareños han sido asesinados de manera violenta en menos de un mes en Caracas, Venezuela. En las calles todos comentan en voz baja lo ocurrido y piden a sus familiares que aún viven por allá, que regresen lo más pronto posible ante el temor de que les suceda lo mismo que a los otros compatriotas. En una pequeña vivienda de construcción mixta, diagonal a un parque, la fotografía de William Gilberto Zambrano Parrales (25), uno de los dos recientes asesinados, es velada por sus dos tías maternas, Lirian y Cruz Parrales. Ellas han colocado figuras religiosas para recordar a su sobrino. Lirian teme que los cuerpos de las dos víctimas no puedan ser repatriados a Ecuador y que sus familiares residentes en Venezuela decidan sepultarlos allá, debido a que no tienen dinero suficiente para cubrir los gastos de traslado y los fúnebres. “Se necesita 30 mil dólares por cada uno y nosotros no contamos con ese dinero. Es más barato sepultarlos allá”, sostiene la mujer. Según ella, muchos compatriotas en Venezuela han decidido regresar al país y están pensando solicitar ayuda al Gobierno ecuatoriano para ese propósito. Cruz, quien vive en Venezuela desde hace 40 años, piensa traer los cuerpos de vuelta a Ecuador. “En 1970 empezamos a salir cerca de 100 familias a Venezuela, con la intención de mejores días para nuestros hijos. En ese entonces, acá la agricultura, de la que vivíamos, se puso muy mala. No había agua y los trabajos estaban difíciles, y poco a poco muchas personas empezaron también a dejar del pueblo”, recuerda. En Venezuela hay cerca de 2.000 personas que son de Los Bajos de la Palmas, y todas están en Caracas, indica Cruz. La mayoría de los integrantes de familias radicadas en Caracas trabajan como costureros, choferes, albañiles y empleados domésticos, manifiestan las hermanas Parrales Santana. A unas diez cuadras el ambiente de luto se percibe en la vivienda de los tíos de Alexis Villafuerte Santana, el otro compatriota asesinado. Sus parientes celosamente indican que no pueden dar mayor información y que la situación del fallecimiento está siendo manejada desde Caracas. Demetrio Delgado, uno de los comuneros de Bajos de las Palmas que vivió hace 20 años en Venezuela, menciona que desde hace 12 años la situación de los ecuatorianos en el país llanero se fue tornando difícil. “Cuando un ecuatoriano viaja para acá desde Venezuela, no sé cómo se enteran los malandros de su regreso. Empiezan a seguir a los familiares a los aeropuertos y terminales internacionales. Según ellos, nosotros llevamos muchos dólares desde Ecuador a Caracas y nos asaltan” indica Demetrio. Mariana Morales, presidenta de la comuna, quien residió en Venezuela hasta hace siete años, anuncia que viajará a Caracas para reunirse con los comuneros de Los Bajos de las Palmas que viven allá. “La intención es hacer un censo y crear un fondo de ayuda para las personas que están necesitando de nuestras manos y puedan regresar”, destaca. La polémica Seis ecuatorianos han sido asesinados, en menos de un mes, en tierras venezolanas. La cifra levanta un debate en la diplomacia ecuatoriana, afín al Gobierno venezolano, sobre emitir o no un comunicado recomendando no viajar a ese país. Rocío San Miguel - Directora Observatorio de Seguridad de Venezuela “Venezuela vive una guerra” Seis ecuatorianos han muerto en menos de un mes, ¿es normal? Lo primero que hay que entender es que Venezuela vive una guerra. Las estadísticas oficiales hablan de dos muertes violentas por hora. En nuestros números esa cuenta se duplica y hace comparable a Venezuela (no solo a Caracas) con una zona de guerra. ¿Cómo llegó el país a este punto crítico de hiperviolencia? En los últimos 17 años no solo no se han impulsado los controles de armas, sino que, desde el Gobierno, se ha motivado el uso ilegal. La violencia, lastimosamente, no diferencia a ecuatorianos de venezolanos y ha vuelto al país entero en una zona roja. Esto los ha apartado del resto de la región, ¿puede empeorar? No hace falta que los gobiernos recomienden no viajar a Venezuela, los extranjeros ya no lo hacen. Me gustaría pensar que las cosas pueden empezar a cambiar desde las cabezas políticas, pero siempre es posible que el escenario se complique aún más en el país.