La diversion se reduce despues de los cincuenta

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La diversion se reduce despues de los cincuenta

En Guayaquil, la falta de centros recreativos y actividades que apunten a este grupo de edad hace que se sientan excluidos. Proponen la apertura de bares, peñas y cafeterías ambientadas en su época.

Café Bar 1800. Es uno de los pocos lugares dirigidos a los adultos en toda la ciudad.

La historia es la misma para Juan Carlos Tapia, un ingeniero comercial de 55 años, todos los fines de semana. Quiere salir a pasear, a beber con su esposa o a comer en un lugar ambientado con música de su época; pero rara vez encuentra opciones porque, argumenta, todo va dirigido a los jóvenes.

Tapia asegura que sus amigas, quienes tienen entre 50 y 65 años de edad, dicen tener el mismo malestar y por ello se sienten excluidos. “Los modelos actuales de crecimiento urbano tienden a discriminarnos y restarnos derechos”. El desarrollo de Guayaquil, sugiere Sonia Álvarez, docente que bordea los 60, debería garantizar lugares inclusivos, acogedores y que promuevan el entretenimiento, y a costos módicos.

“Si queremos cenar en un entorno bonito y adecuado a nuestra edad, nos toca pagar mucho”. Son los hoteles y una que otra cafetería los que organizan “de vez en vez” eventos para ellos. “Nosotros queremos salir de noche y no existen las peñas o los restaurantes ‘dancing show’ que antes había”. Tampoco hay lugares como el American Park, que fue un centro de diversión muy atractivo en el siglo pasado, evoca.

Para ambos, la ciudad y quienes se dedican a hacer arte o entretenimiento deben incluir en su target a los mayores de cincuenta, puesto que son un grupo “bastante representativo” en la urbe. Datos del censo de 2010 indican que en Ecuador existen más de 1’200.000 mayores de 60 años. Las proyecciones para el 2015 elevan la cifra a 3’000.000.

“Estoy cansada de tener que limitarme a hacer reuniones en casa, caminar por el malecón o ir a un centro comercial para ‘divertirme’”, lamenta Susana Roggiero, de 59, quien vive en Urdesa y asegura que apenas hay unos cuatro o cinco sitios que destinan sus actividades solo para este target en toda la ciudad.

A Ana Vinces, quien también pasa los 50, por ejemplo le gustaría que haya lugares a los que se pueda asistir a disfrutar de juegos de mesa, con un buen ambiente. “Deberían implementar algunos, sin que se conviertan en lugares de vicio”, y asegura que es necesario incentivar el comercio nocturno en el centro, pues “es bonito, pero luego de las ocho (de la noche) no hay nadie y se vuelve peligroso”.

Para el sociólogo Andrés Martínez, esta falta de espacios se da por motivos de rentabilidad. “La mayoría se enfoca en los jóvenes porque son los que consumen, por ejemplo, más alcohol. Al empresario le resulta complejo dirigirse a otro grupo cuando sabe que es a este otro al que va a llegar con más facilidad”. Es negocio, explica.

Martínez hace hincapié en que muchos no se atreven a dirigirse a este nicho porque les da temor fracasar, teniendo en cuenta la economía actual. “Hoy los jóvenes, los matrimonios jóvenes, más que antes, trabajan y mueven dinero. Los negocios se enfocan en ellos, es la dinámica. Pues si bien los adultos y los jubilados pueden mover dinero, no salen con la misma frecuencia”.

En un recorrido realizado por este Diario se pudo constatar que sitios como Plaza Lagos, el Teatro Sánchez Aguilar, en La Puntilla, o el Café Bar 1800, en La Alborada, son de los pocos que abren espacios para los mayores de 40 o 50.

“En Plaza Lagos el entorno es diferente, escuchas jazz, blues, música instrumental pero alegre, y no el reguetón que generalmente en otros lugares se escucha y que a mí, en lo personal, me molesta”, comenta Claudia Alvarado, de 57 años, residente de Ciudad Celeste.

A ese público es al que decidió dirigirse Rolando Campuzano cuando abrió su cafetería en el norte de Guayaquil. “Le dije a mi hija que quería hacer un café bar donde la gente vaya, escuche canciones en rocola o en tocadiscos. Aquí en la ciudad no hay lugares en donde los adultos y mayores de 60 puedan ir a disfrutar, a recordar el pasado”, recalca.

Campuzano recuerda que antes de inaugurar el negocio, su hija le pidió que reconsiderara la idea, pues corría el riesgo de fracasar. “Las personas han quedado encantadas con el lugar, pues es distinto y ameno. Muchos ya nos piden expandirnos a otras zonas de la ciudad”.

Gloria Gallardo, presidenta de la Empresa de Turismo de Guayaquil, asegura que esta es una ciudad cosmopolita, lo que ha provocado que los eventos o sitios de diversión estén dirigidos para todo tipo de edad.

“En esta época, ser mayor de cincuenta es estar joven como para pensar en que necesitan espectáculos diferentes. La ciudad ofrece atractivos de toda índole para todas las edades. La gastronomía, el arte, la cultura es para todas las edades”.

La funcionaria considera que Guayaquil tiene muchos sitios para que los adultos puedan compartir entre ellos o con sus hijos o nietos. “Qué hermoso es hacer grupo y salir a recorrer las plazas, los malecones, los lugares para comer. Para el que le gusta el teatro y la música ya hay nuevas opciones”. DSZ/CBS

“Una ciudad perfecta para el veinteañero”

Guayaquil ofrece poco para el turista mayor de cuarenta y cincuenta años, según la experiencia de Andrés Moreno, experto y guía turístico.

“En la ciudad hay muchos centros comerciales y pocos sitios focalizados de entretenimiento y eso al extranjero no le gusta. De 10 personas, solo una me pide acudir a un mall”, asegura.

Moreno explica que Guayaquil es una ciudad perfecta para los de 20 años, pues la vida nocturna está más enfocada a ese grupo de edad.

Con respecto a los paquetes turísticos, el experto menciona que las agencias de viaje tienen algunos paquetes nacionales e internacionales especialmente para esas edades. “Cartagena y Cuba son destinos para el guayaquileño cuarentón. Y Estados Unidos y Panamá, para el mayor de 50”.

Cambios necesarios

Estudio

Un informe de la organización HelpAge Internacionale, que contribuye a que los adultos y personas mayores demanden sus derechos, sugiere a los gobiernos del mundo crear espacios urbanos compartidos, inclusivos y agradables que fomenten actividades y faciliten el acceso a servicios y oportunidades a este grupo de personas. Y además que doten de espacios verdes a sus ciudades para que puedan ejercitarse e interactuar con facilidad, promoviendo así el envejecimiento saludable.