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Dias de terrorifica diversion

Los trajes vienen en todos los colores, tamaños y formas. Los hay de superhéroes, diabólicos animales, comiquitas, personajes de Disney, ciencia ficción, ánime y hasta de zombis.Halloween se aproxima.

Días de terrorífica diversión

Los trajes vienen en todos los colores, tamaños y formas. Los hay de superhéroes, diabólicos animales, comiquitas, personajes de Disney, ciencia ficción, ánime y hasta de zombis.

Halloween se aproxima. Y con ello Guayaquil se prepara para ser partícipe de esta singular celebración, conocida también como el Día o Noche de Brujas, una celebración internacional de origen anglosajona que se vuelve cada vez más popular en el país.

En la ciudad el ambiente es festivo, pues si bien la fecha del festejo es el 31 de octubre, desde ya los centros comerciales, bares, cafeterías y discotecas promocionan desde hoy y durante el fin de semana esas ‘terroríficas’ propuestas, inspiradas también en las historias de Drácula, momias y tenebrosos zombis.

En los hogares guayaquileños pasa algo similar. Algunas casas, como la de Carlos Sabando, ubicada en Los Ceibos, ya están transformando sus interiores en cuevas repletas de calabazas y enormes telarañas de látex y gamuza. Incluso, en el área de la piscina colocarán calaveras.

“Haré una fiesta este sábado. La temática será naranja y negro. Habrá música, monstruos y comida bañada en colorante rojo comestible, que emulará la sangre”, explica el anfitrión.

Los artículos, entre los que constan tridentes con luces y sonidos, los adquirió en el local Pelucas y Postizos.

En este multicolor negocio, con casi 40 años de permanencia, el movimiento es intenso, según observó ayer este Diario.

Allí, pasadas las 11:00, Carlos, uno de decenas de fanáticos, escogía sus disfraces, entre otros elementos para la ocasión. Más de 2.000 modelos, entre los fabricados por artesanos de Ambato, Quito, Guayaquil y Cuenca, y los importados de Japón y China, estaban en la estantería.

“Se me ve bien este, asusta mucho”, dijo Sebastián Sabando, de 17 años. Él tenía puesto un traje de Depredador, una criatura alienígena del cine, de forma humanoide, con cabeza deformada y enormes mandíbulas cruciformes. Costaba $ 200. Lo llevó.

En el lugar, la oferta es extensa. Se encuentran disfraces que cuestan entre $ 20 y $ 1.200; máscaras de $ 9, $ 40 y $ 95; y pelucas que van desde los $ 6.

“Este año hemos vendido más que nunca”, señaló Juan Cando, uno de los administradores. La razón de ello quizás se deba a que incluso los adultos mayores, que antes no lo hacían, también celebran Halloween.

Por ejemplo, al establecimiento de Eduardo Azar, almacén de artículos varios ubicado en Noguchi y Huancavilca, llegó Carmen Sánchez. Ella, con 65 años y una que otra arruga marcada, buscaba un traje de princesa. “Me han dicho que aquí encuentro en mi talla. No me parece ridículo. El día de brujas es una ‘velada’ que se vive en familia”.

O en los centros comerciales, que organizan concursos o se vuelven sitios de concentración.