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Dialogos de paz

el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunciaron el 10 de este mes en Caracas que iniciarán diálogos de paz en Quito el próximo 27 de octubre, por iniciativa de Ecuador. La cancillería venezolana y los jefes negociadores del Gobierno y del ELN, Mauricio Rodríguez y Pablo Beltrán, respectivamente, leyeron un comunicado conjunto que destaca como punto importante de estas conversaciones la participación de la sociedad colombiana. La Iglesia de Colombia, a través del arzobispo de Cali, Darío Monsalve, dijo que el primer punto que discutirían las partes es un acuerdo humanitario que contemple la liberación de los secuestrados en poder del grupo guerrillero, condición del Gobierno para comenzar la fase pública de negociaciones de paz. Precisamente el 10 de octubre, la guerrilla entregó a un civil que tenía en su poder a una delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en la zona rural de Fortul, Dpto. de Arauca. Y el pasado jueves liberó también al exalcalde de Charalá- Santander, Fabio León Ardila, secuestrado el 30 de junio, lo que se interpretó como un gesto de la organización insurgente para dar paso a diálogos formales con el Gobierno de Santos. La fase pública de negociaciones, tras conversaciones secretas que las partes mantuvieran entre enero de 2014 y marzo de 2016, iniciaría la semana próxima con base en una agenda de seis puntos, que incluye: participación de la sociedad en la construcción de la paz, democracia, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto armado e implementación. Implícitamente, los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno colombiano y las FARC, tendrán que ser el modelo de los acuerdos con el ELN, la segunda guerrilla más poderosa de Colombia, pese al insólito triunfo del No en el plebiscito. Pero ese vergonzoso resultado quedará solo como un dato de escarnio para los colombianos que siguieron la consigna del ultraderechista partido Centro Democrático del expresidente Uribe. De hecho, la paz ha comenzado a sentar sus reales a lo largo y ancho de Colombia. El país se lo merece. Y ya no hay vuelta atrás. Eso lo sabe bien, aun Uribe, pese a sus pataletas de niño malcriado para que se revisen a su sabor los acuerdos de paz ya firmados, en el caso, con las FARC.

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