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La deuda -una vez mas
El presidente ha expresado, correctamente, que se renegociarán los términos de la deuda, pues los mismos son onerosos y difícilmente se podrán servir las obligaciones sin afectar el programa de gobierno. No obstante las intenciones del mandatario, los términos de la contratación de los $2.000 millones, producto de la última emisión de bonos, son diametralmente contrarios a su discurso.
Para ello basta considerar que entre enero y mayo, a pesar de haber mejorado las condiciones del riesgo país, se ha encarecido la deuda. El medio punto de diferencia significa que, a lo largo de diez años, el valor adicional a pagar por concepto del diferencial de intereses es de $100 millones, de los cuales $40 millones deberán servirse en el presente cuatrienio.
Pero el problema del crédito público es de mucha mayor envergadura.
El grueso de las emisiones de bonos debe ser servido y amortizado en el período del presidente Moreno, y las cifras en este tramo superan con creces los diez mil millones de dólares.
Más crítico aún, si tomamos la totalidad de pasivos exigibles del Gobierno, incluyendo aquellos que no son registrados como deuda pero constituyen obligaciones a pagar, el monto sube a $60.000 millones en capitales adeudados - más sus respectivos intereses.
Las negociaciones de deuda, específicamente del tramo de los bonos, y con gobiernos, son siempre bastante más complejas de lo que se piensa. La contraparte de cualquier mejora en las condiciones financieras es un programa fiscal sustentable y creíble, bien presentado y avalado por el Fondo Monetario Internacional, que demuestre que existirán los recursos para servir los bonos o los préstamos.
La irresponsabilidad fiscal del anterior gobierno operó contra estos principios, y determinó que Ecuador tenga que pagar los intereses más altos de la región, intereses que sobre un saldo adeudado superior a los $10.000 millones y un diferencial promedio de 4 % frente a lo que el país podría haber obtenido, le cuestan más de $400 millones anuales a los contribuyentes.
El camino tortuoso y plagado de futuras frustraciones está trazado. Quedamos a la espera de las acciones del Gobierno en el cumplimiento de sus objetivos.