Una deuda pendiente

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Una deuda pendiente

una ciudad debería reconocer a quienes a lo largo de su historia han aportado a su desarrollo y a crear sus referentes patrimoniales. Pero hay muchos que han sido olvidados. Uno de ellos es Francesco Maccaferri, sin lugar a dudas el más importante arquitecto que tuvo Guayaquil en el siglo XX.

Maccaferri nació en Cilavegna, Italia, el 18 de febrero de 1897. Estudió arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Brera y en la Real Academia de Bellas Artes de Bolonia, donde se graduó de professore di Disegno, título equiparado con el de arquitecto de la Escuela Superior de Arquitectura de Roma.

En 1922 ganó el concurso de proyectos para el Palacio Municipal de Guayaquil y al año siguiente llegó a nuestra ciudad como técnico de la Compañía Italiana de Construcciones. Para esta compañía realizó los proyectos de las fachadas de la iglesia San José, Garajes España y los edificios Janer e Izquieta Pérez. Desde 1926, de manera independiente, proyectó las casas Plaza, Palacios, von Buchwald y Walter Guzmán; el diseño interior del Palacio Municipal, las casas Coello y Lisímaco Guzmán, el edificio antiguo de la facultad de Medicina, la capilla del hospital Luis Vernaza, entre otros.

Si bien se conoce su trabajo dentro del academicismo, es poco conocido su temprano aporte a la arquitectura moderna en la década de 1930. De este período son sus proyectos de las casas Maccaferri, Ycaza, Bucaram, Parodi, los edificios Cucalón y Jouvín. En 1935 fue parte del Comité para la construcción del edificio del colegio Vicente Rocafuerte. En 1937 se asoció con Eduardo López para desarrollar el barrio del Centenario, donde realizó diferentes proyectos, como las casas de El Oro 807, López y Ponce, entre otras.

Su tarea como educador fue destacada. En 1929 fundó un curso de arquitectura que daría origen en 1933 a la escuela de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil; además, en 1958 fue uno de los once profesores fundadores de la Escuela Superior Politécnica del Litoral.

Maccaferri forjó parte de la imagen más importante de Guayaquil. Su reconocimiento es una deuda pendiente.

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