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El despertar ciudadano
Válido es recordar, en los días que corren, la raíz común de la que derivan hermosas palabras como ciudad, ciudadano o civismo.
También el concepto sostenido por algunos pensadores respecto a que no son las ciudades las que generan a los ciudadanos; por el contrario, son los comportamientos ciudadanos los que permiten constituir con la calidad de ciudad a los conglomerados que tienen el privilegio de aglutinarlos.
Por eso también se ha dicho que muchas ciudades no son tales por no estar habitadas por ciudadanos, apenas las conforman habitantes con cédula.
El Ecuador ha venido dando demostraciones de un incremento de su ciudadanización. Primero el fenómeno fue apreciable en algunas de sus jurisdicciones urbanas y rurales. En ciertos casos ratificaba una herencia mantenida a través de los siglos. En otros, la voluntad de participar con fuerza en el desarrollo de la vida cívica era un recién llegado recibido con beneplácito.
En efecto, cuando la causa es buena se la respalda unánimemente. Sin embargo, era de lamentar que algunas ciudades caracterizadas precisamente por ser cuna de las más notables manifestaciones de rebeldía, que le proporcionaron a la nación algunas de sus fechas históricas más relevantes, ahora parecían haber languidecido en el cultivo y práctica de sus virtudes cívicas y apenas, de cuando en cuando, convocadas por sus líderes políticos, gremiales, estudiantiles o empresariales se atrevían a manifestar su inconformidad en las calles. Una especie de modorra cívica las mantenía como adormecidas y apenas si era verbal la expresión del descontento. En el mejor de los casos se manifestaba convertida en trino o en memes en las redes sociales, y con unos cuantos pulgares hacia arriba recibidos como respuesta sentían colmado su patriotismo los autores.
Por eso, llama poderosamente la atención que ahora, frente a las dudas que se han generado en virtud de las impugnaciones presentadas en relación a las cifras emitidas por las autoridades electorales, los ciudadanos, en ámbito nacional, han decidido evidenciar en las calles su disconformidad, exigiendo la debida transparencia a partir de un recuento de las actas impugnadas. Se espera que exista la sensibilidad suficiente para no entorpecer el proceso. Deseable es que ello se obtenga garantizando la indispensable paz.