Un desfile rompe los estigmas contra los pacientes mentales

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Un desfile rompe los estigmas contra los pacientes mentales

El estigma de a poco se va rompiendo. Atrás queda la imagen de que los pacientes psiquiátricos o con algún problema de salud mental, no son capaces de llevar una vida normal, cargada de emociones, alegrías y tristezas, con gustos y disgustos, como los

Un desfile rompe los estigmas contra los pacientes mentales

El estigma de a poco se va rompiendo. Atrás queda la imagen de que los pacientes psiquiátricos o con algún problema de salud mental, no son capaces de llevar una vida normal, cargada de emociones, alegrías y tristezas, con gustos y disgustos, como los demás.

Ayer, en el Instituto de Neurociencias de Guayaquil -INC- decenas de dolientes lo pudieron demostrar. Probaron, por ejemplo, que son capaces de cantar y bailar, de reír y saltar, y hasta de pasearse en motos, sin temor alguno a la velocidad.

Ellos, que en más de una ocasión fueron aplaudidos por los presentes, en su mayoría, familiares, fueron partícipes del Desfile de la Solidaridad. Un evento organizado por la entidad en conjunto con las damas de la Asociación de Voluntariado Hospitalario (Asvolh), que tuvo como finalidad exhibir sus destrezas y rendirle un tributo a las brigadas que prestaron sus servicios de forma voluntaria en las zonas afectadas por el terremoto del pasado 16 de abril en Ecuador.

El acto, que duró cerca de dos horas, se desarrolló en un ambiente festivo -invadido de globos, carpas de colores y bicicletas extravagantes- que tuvo como protagonista al deporte.

Treinta y dos residentes de los 350 allí internados, entre hombres y mujeres, todos adultos y con problemas depresivos y psiquiátricos, dieron una demostración de Tai Chi. Seis jóvenes de la Unidad de Conductas Adictivas, entre ellos Johanna Ruilova, de 20 años, en cambio, le apostaron al yoga, a las posturas de relajación.

Ruilova es una de las 80 pacientes en recuperación que, a la fecha, atiende el instituto. Ella fue adicta a la cocaína, la base y los ácidos. Se escapaba de casa y desafiaba a la muerte.

“Después de haber hecho tantas cosas, me resulta increíble verme aquí haciendo esto. Me estoy desintoxicando y la gente me está aplaudiendo por ello. Me está aceptando al fin y eso me pone feliz”, explicó.

Previo al término del encuentro, en el que también desfilaron los 52 especialistas del Instituto que brindaron atención psicológica a 4.300 damnificados de Manabí, Benjamín Rosales, inspector del INC, invitó a los asistentes a conocer, como se debe, a la entidad. Sus espacios verdes, sus servicios, el área de Consulta Externa que mensualmente atiende a 9.000 personas y, por supuesto, a sus pacientes. “Aquí pueden conversar con ellos”, dijo, “son gente buena, llena de historias y sentimientos nobles”, concluyó.