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Diario Expreso Ecuador

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El desastre

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El presidente de la República ha dicho que el terremoto del 16 es el peor desastre que le ha sobrevenido al país en setenta años. Tal vez en el aspecto físico tengan razón las expresiones presidenciales. Pero lo que más pesa en la realidad nacional es un desastre de mucho tiempo. Un desastre que además se expresa con la soberbia que le hace suponer que es lo mejor que le ha ocurrido al Ecuador desde 1830, aunque lo que pasa en realidad es que la gestión de un gobierno que ha contado con ingresos enormes, superiores a los que han tenido todos los gobiernos juntos en mucho tiempo, ha desembocado en una falta de liquidez casi absoluta, que ha causado una profunda crisis económica.

¿A qué se debe el desastre que vivimos antes del terremoto y que se acrecentará muy gravemente después, si el régimen no acierta con las medidas para reactivar y normalizar la vida de las regiones devastadas? A la danza de millones que hemos vivido, gastando sin pausa ni medida los extraordinarios ingresos del sobreprecio petrolero, endeudando al país en decenas de miles de millones, vendiendo anticipadamente el petróleo, dejando vacías las arcas fiscales, endosando, por muchos años, el pago de los créditos a los gobiernos que vendrán. Y ahora se pretende eternizar el desastre que tendrá toda una década con la ridícula afirmación de “siempre contigo”.

El pueblo ecuatoriano ha cumplido ejemplarmente con su deber de solidaridad ante el desastre que ha sumido en el dolor a toda la costa norte del país y lo que viene ahora es la tarea de la reconstrucción, que solo puede hallarse en manos del Gobierno en todo lo que atañe a los servicios públicos, como carreteras, puentes, edificios administrativos, sistemas de provisión de energía eléctrica y agua potable, colegios, escuelas, así como la demolición de viviendas y otros edificios privados, como bancos y hoteles, que han quedado inhabilitados por el terremoto.

Es fundamental la expedición de medidas que permitan a los ciudadanos particulares que sufrieron el brutal impacto del terremoto, la posibilidad de reactivar sus vidas, tanto en lo que se refiere al aspecto económico, como a la tarea de superar la tremenda huella emocional que produjo el sismo, a fin de que vuelvan a la vida normal, a la que tuvieron antes de la tragedia, incluso sobreponiéndose a la pérdida de familiares, segados por la muerte impensada y violenta.

haroc@granasa.com.ec

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