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Desarrollo para Ano Nuevo

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El voto del Reino Unido para abandonar la UE y la elección de Donald Trump como próximo presidente de EE. UU. han dejado de manifiesto la insatisfacción de los ciudadanos de los países desarrollados con la globalización. La culpan (o al menos la forma en que se la ha gestionado) por el estancamiento del ingreso, el alza del desempleo y la creciente inseguridad. ¿Es momento de revisar los criterios comúnmente aceptados sobre economía internacional? La Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional pensó que era una pregunta que merecía plantearse, por lo que invitó a hablar de ello a 13 economistas de todo el mundo (entre ellos, los autores de este artículo, cuatro de ellos ex economistas en jefe del Banco Mundial). Hoy es evidente que no basta con mantener el equilibro de los presupuestos nacionales y controlar la inflación, dejando el resto sujeto a la acción de los mercados, en el supuesto de que así se logrará automáticamente un crecimiento sostenido e incluyente. Así identificamos ocho principios que deberían guiar la política para el desarrollo. Primero, el crecimiento del PIB se debe ver como un medio para un fin y no como un fin en sí mismo. Segundo, la política económica debe promover activamente un desarrollo incluyente. Tercero, la sostenibilidad ambiental no es una opción. A nivel nacional, el crecimiento del ingreso a costa de dañar el medioambiente es insostenible y, por tanto, inaceptable. A nivel global, el cambio climático representa una amenaza a la salud, los sustentos y los hábitats. Es imperativo que las políticas de adaptación y mitigación del cambio climático sean parte integral y no un añadido de la política de desarrollo. Cuarto, tiene que haber un equilibrio entre mercado, Estado y comunidad. El Estado es indispensable para una regulación eficaz. Por su parte, las instituciones de la sociedad civil son esenciales para que el Estado funcione con eficiencia y justicia. Quinto, para la estabilidad macroeconómica se necesita flexibilidad en las políticas. La asesoría política tradicional fetichizaba el equilibrio presupuestario, algunas veces en detrimento de la estabilidad macroeconómica. Un mejor enfoque sería considerar los equilibrios fiscal y externo como limitantes en el mediano plazo. De esta manera, el estímulo fiscal, como la inversión pública, puede ayudar a dar vigor a las economías más lentas y sentar bases para el crecimiento en el mayor plazo. La clave es asegurar que la deuda pública y las presiones inflacionarias se manejen bien en tiempos de prosperidad. Sexto, es necesario prestar especial atención al impacto del cambio tecnológico sobre la desigualdad. Séptimo, las normas sociales, los valores y las mentalidades afectan el desempeño económico. Una economía funciona mejor cuando hay confianza entre las personas. Las normas sociales también pueden ayudar a reducir la corrupción y fomentar prácticas justas. Octavo, las fuerzas globales y las políticas nacionales crean situaciones externas que limitan las opciones de políticas. Solo las instituciones internacionales pueden gestionar las externalidades creadas por estas políticas. La clave para que lo hagan de manera justa y eficaz es dar más voz a los países en desarrollo que forman parte de ellas.

Project Syndicate

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