Podría ser la última vez
La pérdida de un ser querido nos hace darnos cuenta de que casi nunca priorizamos el tiempo que compartimos con quienes amamos por sobre las obligaciones

Dedicamos casi todo nuestro tiempo a estudiar y trabajar, y no a compartir con nuestros seres queridos o a hacer lo que nos hace sentir realizados.
Cuando pierdes a un ser querido, inmediatamente piensas en todo el tiempo que te faltó con esa persona. En estos momentos, cuando te enfrentas a la muerte, es cuando reflexionas sobre lo que verdaderamente importa.
En nuestras ocupadas vidas tratamos de cumplir con el trabajo que ocupa la mayoría de nuestro tiempo, negando invitaciones, faltando a cumpleaños, todo para ganar esta carrera de resistencia y velocidad que nos da recursos, reconocimiento y aprendizaje, pero nos quita el tiempo.
¿Estamos diseñados en verdad para nacer, estudiar, trabajar y morir?
Me pasó con una persona muy especial esta semana. Durante meses intentamos coordinar una reunión. Un encuentro para ponernos al día, para hablar de lo que importa en la vida y darles tiempo a los sueños. Pero, por razones mundanas del día a día, esa cita se aplazó una y otra vez. Esta semana, mi amigo murió y nunca pudimos concretar la reunión.
Me queda un vacío enorme, no solo por extrañarlo, sino por la reflexión: ¿qué fue tan importante que no pudimos darnos el tiempo de vernos?
Vivir cada día como si fuera el último
“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Esto me queda, sin duda, como lección. Di las cosas que piensas y sientes, porque mañana esa persona puede no estar. Date el tiempo para hacer lo que quieres, porque quizás mañana ya no tendrás la energía ni las ganas para hacerlo.
Cuenca
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Claudia Pazán
Haz una lista de las personas que son vitamina para ti y prioriza verlas, visitarlas, llamarlas y darles el recurso más valioso que tenemos: el tiempo. Porque el tiempo gobierna, y a veces no nos da una segunda oportunidad.
Abraza y perdona, porque el valor de un instante solo lo entendemos cuando ya se ha perdido. Quizás cuando comprendamos de verdad este concepto, será cuando empiece nuestra vida en plena conciencia del valor de la presencia.