Ecuador
A 10 años del terremoto en Manabí: la historia de Gloria Chávez, de la tragedia al éxito turístico
A 10 años del 16A, Gloria Chávez transformó la tragedia en un negocio próspero en el sitio Rambuche, en Jama, norte de Manabí

Gloria Chávez, ejemplo de resiliencia, reconstruyó su vida tras el 16A y hoy lidera el reconocido restaurante Valentina Colibrí en Jama
En medio del dolor que dejó el terremoto del 16 de abril de 2016 en la costa ecuatoriana, hay historias que no solo hablan de pérdida, sino también de una fuerza capaz de reconstruirlo todo desde cero. La de Gloria Chávez es una de ellas: un testimonio de resiliencia que nace entre escombros y se levanta con esfuerzo, fe y trabajo constante en el norte de Manabí.
Un año antes de la tragedia, Gloria había iniciado un sueño junto a su familia. En 2015 abrió un pequeño restaurante y avanzaba en la construcción de un hotel de 25 habitaciones que aún no llegaba a inaugurar. Todo marchaba con ilusión hasta aquella tarde en que la tierra lo cambió todo.
El 16 de abril, regresaba de hacer compras en el centro del cantón Jama hacia su vivienda en el sitio Rambuche. Recuerda que en el camino vio a un hombre en aparente estado de ebriedad dentro de un vehículo y pensó en alertar al ECU 911. “Nos quedamos afuera, no alcanzamos ni a llamar cuando empezó el temblor horrible”, relata. El miedo se apoderó de todos. “Yo me caí, estaba con mi hija embarazada. Venía un carro que parecía que se nos venía encima”. En cuestión de segundos, todo se volvió oscuridad.
Al día siguiente, la magnitud del desastre era evidente. “Encontré todo caído, mi restaurante quedó en el suelo, solo quedaron dos mesas”, recuerda. El panorama en Jama era desolador: personas escondiéndose, familias llorando, cuerpos sin vida y el temor latente de un maremoto que aumentaba la angustia colectiva. “Todo el mundo creía que era la última vez”, dice. En medio del caos, incluso su hermano tuvo que abandonar su quiosco, mientras otros aprovechaban para saquear.

El restaurante de Gloria quedó entre escombros, al igual que el hotel de 25 habitaciones que pretendía inaugurar en 2016
Golpeada por la pérdida, Gloria tomó una decisión: no volver a levantar un restaurante y abandonar el lugar. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
El giro inesperado que lo cambió todo
Dos días después, el 18 de abril, un hecho inesperado cambió su rumbo. Un hombre mayor, desconocido en la zona, llegó hasta su propiedad y le pidió desayuno. “Le dije que no estábamos atendiendo”, cuenta. Pero el visitante insistió: “Vengo por primera vez y quiero que me dé desayuno. Esto no ha terminado, el terremoto ya pasó y aquí vendrá mucha gente a buscar comida. Sea la primera en abrir”.
Ese mensaje marcó un antes y un después. Con lo poco que tenía —huevos, patacones y café— Gloria decidió intentarlo. Ese día no solo atendió a ese cliente: comenzaron a llegar más personas. “Ese día vendí mil dólares”, recuerda con asombro. Durante la semana posterior al terremoto, sus ventas alcanzaban hasta 2000 dólares diarios. Cocinaba con lo que tenía a mano: pollo y gallinas criadas por ella misma.
En medio de la tragedia, Gloria encontró una oportunidad para reconstruirse. Lo que empezó como una necesidad se convirtió en un proyecto de vida fortalecido por la adversidad.
Hoy, a 10 años de aquel desastre, su historia es sinónimo de perseverancia. Su negocio ha crecido y se ha transformado en un verdadero punto de referencia en el norte manabita.
Valentina Colibrí: sabor criollo que nació del dolor
Lo que comenzó con una cocina improvisada hoy es Valentina Colibrí, un restaurante de comida criolla que se ha ganado el reconocimiento de propios y visitantes. Su propuesta gira en torno a sabores tradicionales, preparados en horno y con el sello casero que caracteriza a la gastronomía manabita, donde cada plato lleva “el amor de su gente”, como lo describe Gloria.

Gloria Chávez durante una jornada de cocina en el restaurante Valentina Colibrí
El lugar no solo ofrece alimentación, sino experiencia. Con el paso de los años, el espacio se amplió hasta incluir una especie de hostería con habitaciones y piscina, convirtiéndose en un paradero obligado para quienes recorren la zona norte. Turistas, transportistas y familias hacen una pausa allí, atraídos por la sazón, el ambiente colorido y la atención cercana.
“Hay gente que viene a pedir comida y le damos”, dice con sencillez, reflejando que la solidaridad también forma parte de su esencia. No ha sido un camino fácil: ha tenido que endeudarse, sacrificarse y empezar de nuevo más de una vez. Pero nunca se detuvo.
“Yo pensé que nunca más iba a madrugar para esto”, confiesa. Sin embargo, su mensaje hoy es claro: “La gente tiene que trabajar, no esperar nada de nadie. Fue una caída muy fuerte, pero me supe levantar”.

En lo que en su momento fueron escombros, hoy emerge un lugar turístico del norte manabita
Así, entre recuerdos duros y nuevos comienzos, Gloria Chávez convirtió la tragedia en oportunidad y levantó un espacio que hoy no solo alimenta a quienes llegan, sino que también inspira con su historia de lucha y resiliencia.