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10 años del terremoto: “Vi la muerte varias veces”, el impactante testimonio de médico sobreviviente

Bajo los escombros, en Pedernales, epicentro del terremoto, el médico José Rivas Valle asegura haber recibido un mensaje divino.

José Rivas Valle vivió el terremoto en Pedernales, epicentro de la tragedia. Estaba en un edificio que se desplomó cuando daba un programa radial

José Rivas Valle vivió el terremoto en Pedernales, epicentro de la tragedia. Estaba en un edificio que se desplomó cuando daba un programa radialALEJANDRO GILER

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La noche del Terremoto de Ecuador de 2016 partió en dos la historia de miles de familias. En medio de la tragedia, el doctor José Rivas Valle vivió una experiencia que hoy, a una década, sigue estremeciendo por su intensidad, su dolor y su fe.

Médico de profesión, había dedicado una década de su vida a atender en Pedernales, un cantón que —dice— “siempre llevo en el corazón”. Aunque residía en Portoviejo, mantenía la costumbre de viajar cada fin de semana para trabajar. Ese 16 de abril, como tantas otras veces, llegó cerca de las 18:30. Su rutina era clara: hablar primero en Radio Tropical y luego en Radio Altamar. Pero ese día, algo cambió.

“Por esas cosas que uno no comprende… cambié el orden”, recuerda. Decidió ir primero a Radio Altamar. Un giro mínimo, casi irrelevante, pero que terminó siendo la frontera entre la vida y la muerte.

El cambio que lo salvó

Minutos después, el edificio donde funcionaba Radio Tropical —en un tercer piso, colapsó completamente. Nadie sobrevivió.

“Ese cambio significó que yo esté vivo”, afirma. A las 18:45 aproximadamente, ya frente al micrófono en Radio Altamar, un primer temblor sacudió la estructura. Él, sin dimensionar lo que vendría, intentó tranquilizar a la audiencia: “No pasa nada, la vida continúa”.

Pedernales fue el epicentro del terremoto de 7.8, el 16 de abril del 2016

Pedernales fue el epicentro del terremoto de 7.8, el 16 de abril del 2016CORTESÍA

Cinco minutos después, la tierra rugió con violencia.“El edificio se levantó, yo creo que un metro o más, y cuando cayó, sentí que me iba a morir”, relata.

En ese instante, mientras todo se desmoronaba, pronunció una súplica que quedó grabada en su memoria: “¡Dios mío, ayúdanos!”. También llamó a su madre, fallecida apenas tres meses antes. “Madre mía, protégeme”.

El miedo fue absoluto. No por él, sino por lo que dejaba atrás. “Pensé en mi esposa, en mis hijos, el dolor de saber que iba a morir es algo que no se puede describir”.

La decisión que marcó la diferencia

En cuestión de segundos, tuvo que elegir: correr o quedarse. Asegura que una voz interior lo guió. “Sentí que Dios me dijo: tírate al piso”.

Obedeció. Se lanzó al suelo y perdió el conocimiento justo cuando dos losas completas se desplomaban sobre él. Quedó atrapado bajo toneladas de concreto, hierro y escombros.

El doctor Rivas Valle dio un testimonio de fe y resiliencia

El doctor Rivas Valle dio un testimonio de fe y resilienciaALEJANDRO GILER

Cinco horas en la oscuridad

Cuando volvió en sí, todo era oscuridad. Silencio. Dolor. Entonces, en medio de la desesperación, se tocó el rostro, el pecho… y lo comprendió “¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo!”, gritó. Había sobrevivido.

Su cabeza estaba intacta. Ninguna losa lo había golpeado de lleno. Pero estaba inmovilizado. Sin poder moverse. Sin saber si alguien lo escucharía. Y entonces ocurrió algo que él describe como un milagro.

Su pequeño teléfono celular, que había quedado sobre una mesa, cayó cerca de él. Sonó. Era su esposa, quien ya había recibido la noticia de su supuesta muerte. “Le dije: estoy vivo… pero estoy atrapado”.

Afuera, el caos era total. Sin embargo, su asistente, Francisco Zamora, fue clave para salvarlo nuevamente. Evitó que maquinaria pesada removiera los escombros sin saber que el doctor seguía con vida.

Más de cinco horas bajo los escombros

Durante más de cinco horas, rescatistas, bomberos y ciudadanos trabajaron sin descanso. Utilizaron incluso rieles de hierro para levantar las losas que lo aprisionaban. Cerca de las 00:15, finalmente fue liberado. Afuera llovía intensamente. 

La ciudad era un escenario de destrucción. Pero él solo quería una cosa. “Déjenme en el suelo, quiero agradecer a mi Dios”, pidió.

Allí, tendido en el agua, miró al cielo. “Quería ver las estrellas, sentir que estaba vivo”.

La muerte lo siguió después

Pero su lucha no terminó ahí. En las horas siguientes, asegura que volvió a enfrentar la muerte en distintas formas.

Desde un hombre que intentó robarle el carro —y que, según su percepción, también quiso poner en riesgo su vida— hasta un viaje extremo de regreso a Portoviejo con una pierna fracturada.

En ese trayecto, acompañado por su asistente, condujo en medio de carreteras destruidas, piedras gigantes y derrumbes. Estuvo a punto de provocar accidentes, especialmente en sectores como en las vías Coaque - Jama y Canoa - San Vicente. “Fue por mi culpa… por querer pasar”, admite.

En medio del peligro, apareció un desconocido que logró cruzar los obstáculos. “Era como un ángel”, dice. Lo siguió… y logró avanzar.

Aun así, al llegar a Portoviejo, exhausto, debilitado y con la presión descontrolada, estuvo nuevamente cerca de un accidente.

El terremoto del 16 de abril generó escenas trágicas bajo los escombros.

El terremoto del 16 de abril generó escenas trágicas bajo los escombros.CHRISTIAN VINUEZA

Hoy, a 10 años del terremoto, el doctor Rivas mira hacia atrás y entiende su historia como una cadena de milagros. Recuerda que antes del terremoto ya había enfrentado un problema cerebral, y luego sobrevivió al sismo.

“Una tercera vez… tal vez no la cuente”, reflexiona. Convencido de que su vida fue preservada por Dios y por su madre, asegura que su misión es contar lo vivido.

Porque en medio de la tragedia, entre escombros, oscuridad y miedo, encontró algo más fuerte que la muerte: la oportunidad de seguir viviendo.

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