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Demagogia petrolera I

Demagogia petrolera I

La comercialización del crudo ecuatoriano demanda seriedad y rigurosidad tanto en lo relativo a la política que la sustenta, como en su diseminación. Las autoridades afirman que quedan 550 millones de barriles por entregar en las ventas a largo plazo, las cuales, igualmente se expresa, van hasta 2024. Se nos ha dejado entender que los ingresos están pignorados en su totalidad; que hay que “revalorizar” el petróleo para elevar su cotización; que los barriles por entregar para extinguir la deuda por anticipos ($5.000 millones) tienen un valor actual de mercado de $22.000 millones; que, finalmente, hay que volver a las ventas de corto plazo y a los concursos a la usanza de los tiempos pasados. Iniciemos la discusión.

A menos que existan contratos ultrasecretos, el período de arranque para estas observaciones inicia en agosto de 2009 y concluirá en julio de 2021. La información en cuanto a valores y volúmenes exportados está disponible en Internet. En cifras redondas, con China se contrataron 831 millones de barriles y 120 millones con Tailandia, en sucesivos contratos que están vigentes hasta julio de 2021. Al cierre de 2016 se vendieron, por volumen, 620 millones de barriles, y se proyecta la exportación de 750 millones al cierre del año presente. Quedan, por lo tanto, 200 millones de barriles por entregar hasta 2021.

Los volúmenes pactados en las ventas de largo plazo constituyen una parte, y no el total, de las exportaciones de Petroecuador. Entre 2009 y 2016 estas sumaron 950 millones de barriles, ingresando $80.000 millones por concepto de las ventas de crudo a un promedio de $84/bbl, cifra que es, justamente, el promedio pagado por los compradores chinos. La pregunta es: ¿de dónde surgen los 350 millones de barriles adicionales que, se nos ha anunciado, faltan aún por ser entregados?

Solo hay dos interpretaciones posibles. Si los chinos y tailandeses recibieron 350 millones de barriles menos de los que pagaron, entonces, ¡cada barril les costó $231! Si, por otra parte, las ventas a largo plazo fueron de 350 millones de barriles menos que el volumen pactado, entonces, tales ventas no representaron el 65 % del total, sino a duras penas el 28 %. ¿En qué quedamos entonces? O bien sobrepagaron el petróleo en 275 % o tales ventas ni siquiera llegan a la tercera parte del total, y toda la alharaca no es nada más que eso: escándalo puro y simple.

No sorprende el que, con argumentos baladíes como los expuestos, los compradores hayan hecho sorna de la propuesta de “revalorizar” el crudo, y cambiar el cálculo del precio. Los valores no cambian porque uno lo desea sino porque, para comenzar, los negociadores tienen la sofisticación, contundencia y conocimiento del mercado como para hacer valer sus posiciones. En la industria internacional de hidrocarburos las ventas a largo plazo conforman el 92 % del total y, en Ecuador, en el mejor de los casos representaron dos terceras partes a lo largo de un período de 8 años. La razón de ser de esta modalidad es, precisamente, para asegurar presencia en los mercados, más aún por la calidad de productor marginal (# 29 en el mundo), cuya presencia o ausencia del mercado, no lo mueve ni un centavo.