Defender el patrimonio

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Defender el patrimonio

El patrimonio edificado es testimonio material y símbolo de autorrepresentación de lo que una sociedad ha sido en algún momento de su historia. Adquiere en ese sentido el carácter de monumento, de testimonio de lo que esa sociedad fue en el pasado y que dejó plasmado a través de los principios de la arquitectura. De acuerdo a esto, la ciudad, entendida como un conjunto de monumentos, se convierte en un texto de historia y en depósito de la memoria colectiva de sus habitantes.

La Carta Internacional sobre la conservación y la restauración de los monumentos y de los sitios (Carta de Venecia, 1964) define al monumento como “... la creación arquitectónica aislada así como también el sitio urbano o rural que nos ofrece el testimonio de una civilización particular, de una fase representativa de la evolución o progreso, o de un suceso histórico. Se refiere no solo a las grandes creaciones sino igualmente a obras modestas que han adquirido, con el tiempo, un significado cultural”. Más adelante se aclaraba que “el concepto ‘histórico’ no deberá limitarse a ningún período en particular, y no deberá excluir conjuntos que daten de períodos recientes” (1984).

Tal como lo establecen las recomendaciones de los distintos foros y documentos sobre la defensa y conservación del patrimonio arquitectónico, la propia comunidad debe convertirse en elemento vigilante y defensor de lo que por historia le pertenece. En el Complemento a la Carta de Venecia de 1984, se afirma: “La gente reconoce que a más del alcance del crecimiento de una ciudad, esta le recuerda el pasado de su propia familia, de su comunidad, de su identidad nacional y de toda la humanidad. Cuando no se rechaza lo creado por los antecesores de los actuales habitantes, también ello constituye la base estructural para la vida diaria del presente”.

En las Normas de Quito, suscritas en 1967 como informe final de la reunión sobre conservación y utilización de monumentos y lugares de interés histórico y artístico, se establece que “... del seno de cada comunidad puede y debe surgir la voz y la acción vigilante y previsora”.