Decadencia que afecta a China
Los medios de comunicación oficiales de China se deleitan criticando las disfunciones de las democracias occidentales. Entre el “brexit” y la nominación de Donald Trump como candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, tienen suficientes pruebas, sin ni siquiera mencionar los atentados, cada vez más frecuentes. Sin embargo, las pérdidas de Occidente no se traducen en ganancias para China. La esperanza, por supuesto, es que las actuales penurias que atraviesan las democracias del mundo vayan a aumentar la credibilidad del Partido Comunista de China (PCCh). El Diario del Pueblo, periódico oficial del PCCh, interpretó el “brexit” como reflejo de los defectos fundamentales de las democracias occidentales, y utilizó el ascenso de Trump para mostrar que en el sistema estadounidense los líderes políticos se ven “desvalidos” al momento de abordar “conflictos sociales complejos”, como las tensiones raciales y otras fuentes de descontento popular. Si bien las historias sobre las disfunciones de la democracia pueden causar una impresión negativa sobre ella en las personas que viven bajo el régimen autocrático, es muy probable que este efecto sea de corta duración. Mientras las dictaduras continúen maltratando a su propio pueblo y no logren mejorar las vidas de las personas, se cuestionará la legitimidad de dichas dictaduras.
China no es una autocracia común y corriente. El vínculo entre la autoridad del PCCh y su capacidad para sostener el crecimiento económico la hacen única y una de las claves de su éxito económico es su integración dentro de una economía global dominada por las democracias occidentales, las cuales compran aproximadamente el 60 % de las exportaciones chinas.
En resumen, el PCCh obtiene mayor legitimidad del éxito que del fracaso de las democracias occidentales. Ningún buen empresario en su sano juicio desearía que sus mejores clientes se vayan a la quiebra. No tiene mucho sentido que el PCCh se alboroce tanto por las dificultades que atraviesan los socios comerciales más valiosos que tiene China. Los factores que impulsan los retos que enfrentan las democracias occidentales tienen hoy aún peores consecuencias para China. En gran medida, el apoyo brindado al “brexit” y a Trump tiene sus raíces en el rechazo que sienten los votantes por la globalización. Independientemente de cómo el “brexit” o las elecciones en EE. UU. se desarrollen en el futuro, es muy probable que los gobiernos de las democracias occidentales respondan a la angustia de los votantes tomando medidas que impliquen un retorno a un cierto grado de proteccionismo. Como el mayor exportador del mundo, China no se podrá zafar de las consecuencias económicas perjudiciales de tales esfuerzos proteccionistas. Dentro de ese contexto, la legitimidad del PCCh, ya cuestionada por la desaceleración económica de China, podría sufrir aún mayor erosión.
En lugar de regocijarse por los pesares, los líderes de China deberían observar con preocupación los eventos que ocurren en las democracias occidentales y deberían comenzar a planificar cómo ellos enfrentarán los propios tiempos difíciles que les depara el futuro.
Project Syndicate