David Harutyunyan: “Con la Ley de Cultura me convertiria en herramienta politica”

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David Harutyunyan: “Con la Ley de Cultura me convertiria en herramienta politica”

El maestro nos recibe en el Teatro Sánchez Aguilar, donde hoy a las 20:30 junto a sus músicos y a la banda quiteña de rock Anima Inside ofrecerá su último recital como director. Los sonidos del rock son un telón apropiado para sus enfáticos gestos, p

En días pasados, el maestro anunció su retiro como director de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil.

En días pasados, el maestro anunció su retiro como director de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil. El motivo, indicó, se debe a su inconformidad con la Ley Orgánica de Cultura, que fue aprobada en noviembre y que acaba de ser remitida a la Asamblea Nacional con 21 observaciones de parte del Ejecutivo. Esta noche ofrecerá su último concierto.

El maestro nos recibe en el Teatro Sánchez Aguilar, donde hoy a las 20:30 junto a sus músicos y a la banda quiteña de rock Anima Inside ofrecerá su último recital como director. Los sonidos del rock son un telón apropiado para sus enfáticos gestos, pues es aparente que está molesto.

- El anuncio de su salida ha causado un gran alboroto, sobre todo porque se debe a motivos políticos. ¿Qué explicación da a quienes cuestionan sus razones?

- Mi contrato ha terminado y no quise que fuera renovado. Desde agosto de este año yo entendí que mi salida iba a ser inminente. Tuve múltiples oportunidades de declarar mis dudas sobre la Ley de Cultura y no tengo problemas en expresarlo. Esta ley, algunos artículos sobre todo, quita toda la independencia financiera, artística, de las orquestas sinfónicas y de los elencos, y yo estoy abiertamente en contra de esto. Lo declaré muchas veces delante de los asambleístas, del Gobierno, y me miraron como bicho raro.

- ¿Qué objeciones tiene contra esta ley?

- Que, con la ley, me convertiría en una herramienta política de unos funcionarios. Yo perdería la esencia de artista. La política directamente habría entrado a mi arte, y yo y la política no nos mezclamos... La ley plantea poner sobre mí a un artista o a un conjunto de artistas que decide cómo yo debo hacer las cosas, qué debo tocar, dónde debo tocar, y eso me debe corresponder a mis músicos y a mí.

- Hay quienes dicen que un sistema rector para los fondos públicos culturales es necesario...

- Para revisar cómo trabajan las entidades públicas con los fondos públicos existe la Contraloría del Estado. Y para saber si yo dirijo bien y si mis músicos tocan bien existe el público, la crítica y los medios de comunicación, que así como me han subido al trono, también me han hecho pedazos. A través de esta forma se realiza la revisión artística, no poniéndonos encima a un funcionario sentado encima de otro funcionario, una comisión artística, un directorio y más.

- ¿Ha sentido alguna repercusión con respecto a la decisión que ha tomado?

- Hace un mes hablé con el presidente de la Orquesta, Jorge Saade, y le advertí con anticipación mi decisión de no continuar como director. Hace una semana, lo llamaron del Ministerio de Cultura y Patrimonio y le indicaron que debía terminar mi contrato y contratar a un director temporal. Ese día él se subió frente a los músicos y les dijo que no estaba conforme con esa decisión, y que también presentaría su renuncia junto a la mía (esto sucedió el pasado martes). Así es que entra la política en el arte.

- ¿La falta de fondos y las complicaciones que se han presentado con la infraestructura del Centro Cívico son también motivos que han complicado la labor de la orquesta?

- Como orquesta tenemos un presupuesto, pero ese presupuesto no alcanza ni para el 50 % del funcionamiento de la orquesta. El problema es que nosotros tenemos que pedir permiso para todo lo que queramos hacer. No manejamos nuestros propios fondos, nuestra política cultural, ni nuestras contrataciones. El teatro está clausurado desde el terremoto y en este año no hemos tocado ni un concierto ahí.

- ¿Se ha reducido entonces el número de conciertos que se han dado este año?

- Por supuesto. Los teatros privados como el Sánchez Aguilar y el Teatro Centro de Arte nos pueden prestar sus instalaciones, gracias a la demanda del público, cinco o seis veces al año. La concha acústica de Samanes nos la prestan dos o tres veces. Las iglesias (lo hacen) de vez en cuando y no siempre tienen las características necesarias para que podamos presentarnos. Entonces, sin teatro, ¿cómo podemos trabajar? Si lo van a arreglar, que lo arreglen, pero hasta ahora no ha sucedido nada.

- El concierto de hoy es un recital inusual para cerrar su etapa junto a la Orquesta Sinfónica de la ciudad...

- Sí. Es un concierto que tiene un perfil diferente. Incluso la disposición del escenario es algo que he evitado hacer en mi vida. Decidí ‘cerrar la tienda’ así porque llevaba algún tiempo queriendo hacer algo distinto. Siento que el público espera ciertas cosas de nosotros como músicos académicos y quería mostrar otra faceta de nuestra música.

- ¿Qué viene para usted después de esto?

- Un descanso tremendo. Llevo veintiséis años dirigiendo sin parar. Necesito, por lo menos, unos cuantos meses para no pensar nada y simplemente descansar... Tengo dos sinfonías grandes pendientes que también quiero continuar.