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De verdad, da asco

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Con la suspensión por 180 días a la presidenta Rousseff, decidida por el Senado en espera de emitir su veredicto en el juicio político iniciado contra ella, ha comenzado la más cínica farsa y golpe blando de Estado para destituirla, supuestamente, en nombre de la ley. El modelo brasileño sin duda tratará de ser replicado dondequiera que se busque salvar el escollo de la voluntad popular, que se suponía fuera la piedra angular de un sistema democrático.

El nuevo canciller de Brasil, José Serra, designado por el presidente interino Michel Temer, tiene como principal objetivo acabar con la política del Mercosur y volver al comercio con EE. UU., que había sido desplazado por China como su socio comercial más importante. El cinismo es tal, que Serra, candidato presidencial derrotado en 2002 y 2010, según cables filtrados por WikiLeaks, en 2010 prometió a Chevron que en caso de vencer a Rousseff cambiaría la ley petrolera sancionada por ‘Lula’ da Silva, la cual imponía el régimen de división de lucros y abandonaba el de las concesiones, dándole a Petrobras un mínimo del 30 % en la extracción de los campos submarinos. Y es el mismo Serra quien el año pasado presentó un proyecto, con el aval de Temer, para reducir a Petrobras de la extracción petrolera y abrirla a los “players” extranjeros. Cables de WikiLeaks de 2006 revelan que Temer fue informante de las agencias de inteligencia de EE.UU. y era asiduo de la Embajada norteamericana en Brasilia, lo que explica también que el canciller Serra en el primer día de sus funciones se apresurara a denunciar a las cancillerías de los países del ALBA y a la Unasur, organización de 12 países en cuya organización Lula tuvo papel destacado y cuya sede se encuentra en nuestro país.

El gabinete nombrado por Temer tiene a tres ministros investigados por fraude a Petrobras, y está conformado solo por hombres blancos, ricos, conservadores, sin una sola mujer, lo que ha sido calificado como un retroceso a mediados del siglo pasado. Una muestra también de lo que será la restauración conservadora si las clases populares no oponen férrea resistencia para defender los logros alcanzados en los regímenes progresistas, ante la arremetida de la derecha neoliberal, ávida de poder.

colaboradores@granasa.com.ec

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