Cynthia Viteri asciende a la candidatura

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Cynthia Viteri asciende a la candidatura

Arribo. Cynthia Viteri llegó tal y como se fue, caminando por delante de los representantes socialcristianos Jaime Nebot y Henry Cucalón.

Va por delante. No al medio del grupo y las cámaras; no a la derecha del padre político, Jaime Nebot. Va al frente, de blanco y pantalón.

Cynthia Viteri renunció ayer a seguir siendo un plan B del socialcristianismo, obligado por la candidatura esquiva del alcalde de Guayaquil, y asumió con rito inicial, de una vez y hasta febrero, la etiqueta que ha de acompañar a su apellido: candidata a la Presidencia. Otra vez.

Lo ha dejado en claro ayer, durante la rueda de prensa en el Unihotel que sirvió para escenificar su ascenso, delinear sus planes, advertir a La Unidad y tomar el frente de un partido que, hasta esta semana, vivía en el limbo electoral. Lo hizo, eso sí, con un acto cuidado a detalle.

El escenario: céntrico, sobrio. Decorado apenas con las banderas de Guayaquil y Ecuador, detrás de las sillas de Viteri y Nebot, en su orden, que desde el centro de la mesa, se arropaban con una imagen cargada de representación de su momento político.

Los protagonistas: Susana González, Vicente Taiano, Doménica Tabacchi, Henry Cucalón, María Cristina Kronfle y Cristina Reyes; la plana mayor, la muestra andante del relevo generacional socialcristiano, flanqueó a la ungida electoral.

Los extras: rodeada por la prensa, casi al borde de la claustrofobia, Viteri fue recibida con “buen día, doctora”, “buen día, asambleísta” y cuanto título cabe en la oración. Al final, solo cabía “candidata” en el estrechón de manos.

El discurso: corto, sutil, sin nombres propios. Viteri que lleva (literalmente) media vida en la formación se introdujo como una carta “de con-fian-za”, con todas las sílabas masticadas para que no exista confusión. “Para eso estoy acá”, dice. “Para eso estamos acá”, se corrige enseguida la nominada del Partido Social Cristiano y Madera de Guerrero que optó por la primera persona del plural como una muestra evidente de la apuesta mayor del partido: el gobierno probado.

La estrategia: el uso de la base partidista como trampolín personal se muestra mejor en palabras de Viteri: “Eso es lo que somos: resultados, experiencia, eficacia, éxito. Y en plena crisis, mientras en el Gobierno suspenden obras, acá siguen; allá no consiguen créditos, acá sobran; allá reducen empleados, aquí se paga puntual. Es un ejemplo real”, argumenta. Pero es más que eso. Es la mejor trabajada de sus respuestas, la más detallada. Es la estrategia de diferenciación con el oficialismo, al cual nunca ha estado cerca; pero sobre todo de “ese candidato al que usted hace referencia”. O como lo conoce el resto, Guillermo Lasso, líder de CREO, a quien la nominada prefirió no devolver la “bienvenida” que le extendió y, por el contrario, despachó con una ironía. “Espero que esté contento”, dijo. “Estamos haciendo lo que él quería”, ir por separado.

El futuro: con las dudas sobre su liderazgo enterradas por la primera voz del socialcristianismo (“Cynthia es el hombre”, ha sentenciado Nebot, en única ruptura del silencio), Viteri se dirigió a La Unidad sin rodeos. Les advirtió, con amabilidad, eso sí, que esto era parte del plan, que si el binomio por acuerdo no se concretaba irían solos y que si tenían una mejor opción la mostraran.

En los pasillos: los altos dirigentes del partido consultados por este Diario valoran dos escenarios de ahora en adelante. O La Unidad propone un vicepresidente que acompañe a su líder o ellos salen a la búsqueda con un radar tan extenso que alcanza incluso a Lourdes Tibán (Pachakutik) en la otra orilla ideológica.

El remate: ninguna historia épica de ascenso estaría completa sin el romance. Cuando Viteri intentaba explicar lo fiel a sus principios que se mantiene desde 2006, cuando candidata, un periodista le soltó “sigue igual de guapa”. Y ella, a fuerza de rubor, dio por terminada la rueda de prensa.