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Cuentas sin sonrojo
Ni cuadran las cuentas ni hay sonrojo. Puestos a alimentar el patrimonio personal con ingresos de origen cuestionable o a no contribuir tributariamente al nivel que correspondería a las ganancias, lo lógico sería evitar espacios de visibilidad. Pero la clase política ha demostrado, con casos puntuales pero demasiado numerosos, que Ecuador y sus ciudadanos aceptan alegremente a candidatos a autoridad que no han declarado nada en su Impuesto a la Renta o que, directamente, no han presentado la declaración.
Qué contradicción querer gestionar las instituciones del Estado si como ciudadano no se cumplen las obligaciones básicas. Pero las urnas avalan. Hay personas en municipios, en prefecturas y hasta en órganos de control anticorrupción que dicen tener un patrimonio, elevado para el promedio nacional, cuyo nivel no se corresponde con la remuneración de sus actividades previas. Hay funcionarios públicos de rango medio que se aproximan al medio millón de dólares en activos y, casualmente, gozan de un escaso nivel de endeudamiento. El ciudadano debería exigir que compartan la fórmula de éxito o que rindan cuentas. Pero no sucede. En cambio, les entregan su confianza. Y, después, con las primeras irregularidades, un breve periodo de decepción que se evapora en la siguiente llamada electoral.