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Diario Expreso Ecuador

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Las cuentas claras...

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En la ciudad de Austin, Texas, la comunidad ecuatoriana es pequeña. En su mayoría integrada por estudiantes universitarios que suelen juntarse con una treintena de familias siempre dispuestas a mantener viva la ecuatorianidad. El terremoto y sus consecuencias tocó su fibra solidaria y armaron de inmediato cuatro jornadas cívicas y sociales para recaudar vituallas y dinero. Uno de sus líderes fue André Viteri y su primera acción, ayudar a la llegada a Ecuador de una brigada médica. Pero las actividades siguieron: festival de comida, presentaciones artísticas, rifas... En paralelo, llegó a crearse una página web para donaciones (gofundme, Texas Students Relief for Ecuador). Aun siendo un grupo pequeño, ha logrado una cantidad considerable destinada a la ayuda. Parte de ese dinero lo tienen en efectivo y no saben todavía en quién pueden confiar para que los fondos lleguen directamente a reactivar la economía de las familias que lo perdieron todo. ¿No pueden confiar en el Gobierno? ¿Qué ha hecho o qué dejó de hacer para minar la confianza de los ecuatorianos en el uso de recursos económicos predeterminados? Podríamos recordar lo que ha pasado con fondos del IESS, de Solca y más, pero el caso esencial aquí es el vaciado Fondo de Contingencias. El reclamo ciudadano al respecto ha sido justificado por el propio presidente Correa: “Talvez hubiéramos tenido 2.500 millones de dólares, pero hubiera habido muchas más muertes por falta de infraestructura. Preferimos invertir adecuadamente esos recursos, estar preparados para esta clase de tragedias y lo que tenemos son líneas de contingencia. El tiempo nos dará la razón”. Mientras esperamos, ¿podemos permanecer sentados y en silencio por cómo se utilizarán los dineros anunciados para la reconstrucción? Las voces de quienes pedían la creación de un fideicomiso fueron silenciadas porque se trataba de “crear artificialmente una figura jurídica privada”. Se anunció entonces un Comité de Reconstrucción, encabezado por el vicepresidente Glas e integrado por cuatro ministros de Estado. Evidentemente un comité atado al Gobierno, sin una administración alejada al régimen, dejando a muchos ecuatorianos defraudados, inquietos, llenos de suspicacia. ¿Podrá este Comité de Reconstrucción administrar con transparencia y eficacia los fondos destinados a levantar la zona cero? ¿Permitirá este comité una veeduría ciudadana alejada de los grupos de poder? ¿Cómo los ecuatorianos podremos confiar? No se trata únicamente de líneas de crédito de contingencia, acordadas ya con el BID, CAF y BM y que llegan a 640 millones de dólares, según anuncios oficiales (a ellas se sumaría un crédito sin condicionamiento del FMI). Se trata también de cuantiosos recursos donados y ofrecidos por países amigos, a lo que hay que sumar los cientos de miles de dólares anunciados por entidades como la Organización Internacional de Migraciones, Naciones Unidas, Unicef y otras ONG. Y hay más: miles de dólares donados por ecuatorianos en Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Australia, España y en un montón de ciudades y pueblos donde late un corazón tricolor. Su generosidad se ha hecho presente, y cada dólar cuenta. Ellos tienen el derecho de saber cómo se utilizará su donación. Y nosotros los que vivimos aquí, también. Quiero creer que en los próximos días el vicepresidente Glas hará un primer anuncio de cuánto dinero se ha recibido, de dónde, cuándo y quién lo donó, abriendo las puertas a que todo ciudadano ecuatoriano pueda acceder a esa información, conformando veedurías y auditorías independientes. Talvez estoy pidiendo demasiado, pero no soy yo, sino mis compatriotas, aquellos que llaman desde el exterior y se preguntan si pueden confiar. ¿Los que vivimos aquí confiamos? En un momento como este, requerimos todos muestras de confianza y transparencia. Que nadie se ofenda, que no es pecado exigir que las cuentas sean claras y el chocolate espeso.

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