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Diario Expreso Ecuador

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Cuatro anos mas de lo mismo

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La democracia está desprovista de medios de defensa contra quienes pretenden destruirla. Expresar nuestra voz en las calles es considerado una alteración del orden público; las protestas rurales del indigenado son reprimidas como terrorismo y encarcelados sus actores con penas desproporcionadas; con una caricatura se desestabilizaría un gobierno. Irónicamente, quienes sí atentan contra la democracia son los que vociferan en su defensa, vieja treta que llevó a un escritor a definir al demagogo como “aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas a hombres que sabe que son idiotas”.

El populista, una vez en el poder, recurre a violencias desmedidas para hacer respetar la expresión mayoritaria que le favoreció y que obviamente ha traicionado, olvidando que fue elegido presidente y no dictador. Correa apela a una aritmética electoral cuestionada por las denuncias sobre un fraude electoral en marcha. Se vale de las “chicas” revolucionarias para promover una consulta popular en busca de su reelección, sabiendo de antemano que, en materia electoral, todo cuanto proponga el Gobierno es acatado por el CNE. Sin duda, la improcedente consulta se hará y si su resultado veraz señala que Correa es la solución para el país, bien merecido lo tendríamos tras comprobar la supremacía de nuestra ancestral incultura política, principal sostén del populismo revolucionario. Cargaríamos con las consecuencias de la incapacidad de nuestra clase política para trazar rumbos que nos alejen del desastre.

Gente como Correa nos ha enseñado a ser pesimistas con nuestro futuro. Son hipócritas los discursos sobre inclusión ciudadana y absurda la idea de concebir la distribución de la riqueza agrediendo a los únicos que saben crearla. La demagogia correísta solo ha generado un aborregamiento que confirma que el medio más seguro de arruinar a un país es dándole el poder a un demagogo.

¿Se ha preguntado usted por el futuro de nuestro país? ¿Ha descubierto quiénes son sus responsables y cómo expulsarlos democráticamente del poder? Debemos respetar, sin duda, la voluntad del pueblo elector, pero la democracia se corrompe siempre al eternizar a un individuo en el poder. No existe democracia sin división de poderes, sin contrapeso parlamentario y sin independencia judicial, siendo repudiable que un solo individuo concentre por cuatro años más todos los poderes. Todo nuevo gobernante está obligado a examinar la gestión de su predecesor, a secundar sus aciertos, a corregir sus errores y a poner al descubierto lo que se ha pretendido ocultar. No actuaría por decisión propia, sino acatando un mandato implícito de una sociedad que reclama pulcritud y respeto a la nación. Los malos gobernantes no pueden abusar de nuestra pasividad, peor aún siendo inminente la caída de nuestro país en el mismo estiercolero revolucionario en que ha caído Venezuela.

Irrita solo pensar en cuatro años más de lo mismo. No vemos variantes. Su libreto, nacido obsoleto, no ha cambiado durante nueve años y no hay razones para pensar que pueda hacerlo. Paralelamente, Glas no tendría opción electoral alguna, Lenín Moreno quizás no se prestaría a maquillar el desastre y Correa, desgastado y anacrónico, estaría obligado a echar mano de lo que le queda de carisma, incrementar su hablar agresivo y seguir vendiendo ilusiones a un pueblo que dice amar. Nuestra ya desacreditada política se envilecería aún más si el fraude electoral asomara sus colmillos. No hay duda, el destino de las naciones podrá asegurarse cuando despierten quienes no encajen en el calificativo de idiotas seguidores de un demagogo.

colaboradores@granasa.com.ec

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