Corrupcion: “annus horribilis”

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Corrupcion: “annus horribilis”

La plaga es mundial. De todos los rincones del planeta se desprende su fétido tufo. El que tenga dispersión universal no debe servir de consuelo. Debe de ser estímulo para combatirla con decisión dondequiera que se manifieste, a sabiendas de que la impunidad es su mayor propagador.

Si como saben expresar quienes la solapan, la corrupción no es una novedad, ¿por qué calificar como año terrible de la corrupción al que está por terminar? Un buen motivo tiene que ver con la magnitud o el ámbito continental de ciertas tramas y la alta jerarquía política de algunos de sus actores.

La relacionada con Odebrecht, por ejemplo, involucra a varios expresidentes y actuales mandatarios americanos, determinados de ellos guardando prisión. Por eso, la antigua expresión recordada por el presidente del Ecuador, respecto a que donde se pone el dedo salta pus y el reiterado afán de hacer saber que la corrupción adquirió en la década recién terminada dimensiones espeluznantes, bien podría aplicarse a todos los países de la región.

En efecto, partiendo de la necesidad de obtener financiamiento para campañas electorales cada vez más dependientes de la magnitud de su inversión publicitaria, cierta “izquierda” latinoamericana diseñó un procedimiento garantizándole contratos a la constructura brasileña, que pronto se extendió a cualquiera sea la corriente política que ganaba las elecciones.

Así, también con fondos brasileños de su banca de desarrollo garantizando el pago de las megaobras, se contrató con enormes sobreprecios que luego eran redistribuidos de distintas maneras y para diversos propósitos entre las altas autoridades que diseñaban los proyectos y ordenaban, sometiéndolos a licitaciones con términos establecidos a conveniencia, su ejecución, proporcionando a la potencial adjudicataria detalles que le permitían ganarlas.

Todo marchó a la perfección hasta que estalló el primer escándalo.

A partir de ese momento, pese al manto de impunidad que se trató de tejer, el Ecuador ha resultado enormemente afectado y pareciera que las negativas repercusiones continuarán contribuyendo durante el año por venir al mayor descrédito de la política y de la década que auspició, con una maquinaria ad hoc de alto nivel, el asalto de los fondos públicos que, pareciera, difícilmente se podrán recuperar.