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Contaminacion plastica

“Todos los desechos que botamos a los ríos terminan en Galápagos”, asegura categóricamente Inty Gronneberg, joven investigador ecuatoriano residente en Londres, reconocido por la MIT Technology Review como uno de los 35 latinoamericanos innovadores menores de 35 años, y el mejor inventor de 2018, quien ideó Ichthión, una empresa que nace de su emprendimiento tecnológico en Reino Unido y que desarrolla turbinas para filtrar y recoger plásticos de las aguas fluviales, evitando que lleguen a los océanos. Él sostiene que es más fácil recolectar los residuos plásticos en los cauces fluviales que en las áreas costeras; además asegura que 90 % de esos residuos provienen de los ríos. Gronneberg explica que su tecnología está diseñada para ríos con una gran polución, como el Yangtsé, en China, con una carga de un millón de toneladas de basura por año. Su proyecto contempla ocho niveles. Actualmente está aún desarrollando el nivel cuatro, que lleva año y medio trabajarlo. Considera que su sistema también podría colocarse en ríos nuestros como el Machángara, el Esmeraldas y el Guayas, y que es el momento de hacerlo, tanto que él ha convencido ya a su equipo para venir al país, lo que requeriría de una inversión por barrera de $ 500.000 y $ 2 millones, que califica de muy eficiente, pues otros proyectos cuestan $ 20 millones por barrera. Explica que hay ríos específicos en los cuales colocar y probar su sistema, como el polucionado en extremo río Machángara, en Quito; y que como todos los ríos ecuatorianos van a dar a las Galápagos con su mortífera carga, contribuyendo a aumentar la polución por desechos plásticos que amenaza al archipiélago, si no se toman medidas urgentes sino un poco después, ya será demasiado tarde.

La acumulación de desechos plásticos en los mares constituye una de las más sombrías perspectivas de destrucción del equilibrio del medioambiente del que depende la salud del mundo. Las grandes masas plásticas que se acumulan en medio de océanos y mares son el cáncer de esas prodigiosas y a veces terribles aguas y por tanto de nuestra civilización, que todavía no parece darse cuenta de la magnitud y cercanía del desastre, que se aproximará a pasos gigantescos si no empezamos a hacer algo -ya- por detenerlo.