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La consulta de Cynthia
Todo el mundo tiene “su propia fórmula” para desmontar el correísmo, en el cual el Estado/candidato gana elecciones con la mitad menos diez y ahora se reelige para siempre. Pero no es cuestión de ocurrencias: la Constituyente no es una opción, sino el único camino constitucional. (Salvo que queramos otra dictadura.) Debido a la crisis, la reforma debería hacerla el Congreso para ahorrar recursos. Pero la trinca puso un candado (art. 441) que le impide tocar “la estructura fundamental” de la Constitución al Congreso y este solo podría hacer reformas parciales (arts. 441 y 442). Y lo que se necesita es una reforma total que -precisamente- altere la estructura fundamental de la Constitución para que el presidente no pueda seguir siendo “el jefe de todos los poderes” debido a la actual inserción de la Justicia y la Legislación dentro de la Administración. Porque -¡oh inocente truquito!- la Administración la controla él mismo (art. 147.5). Por eso él es el jefe de todo. ¿Si se fija como “hemos” cambiado las reglas electorales?, preguntaba el mandatario. (Políticamente Correcto, Ecuavisa, agosto 21/2016). Lo cual también revela la no-independencia de esta “función” y la necesidad de extraerla de la “estructura” constitucional”. Y la única forma es una Constituyente, según el art. 444. Tema ya resuelto por la consulta de Cynthia para convertir -sin costo adicional- al próximo Congreso en una Constituyente. Y cuando escuchen que “la parte dogmática” de la Constitución está bien, no lo crean. La “parte dogmática” es un asco que también debe cambiarse, porque los cineastas, arquitectos y saltimbanquis de Montecristi hicieron malabares con conceptos constitucionales que ignoraban. Ejemplo: el derecho político al sufragio ahora es un “Derecho de participación”. ¿En qué? ¿En un baile? Lo que debemos tener garantizado es el voto. Esta ridícula denominación es la que permite la #AyPame-participación con firmas y no votando.
¿Qué eres bobo? ¡Es una Constitución construida desde el corazón! Además, tenemos carreteras. Y aquí, nadie se ha robado 500 millones como en Argentina.