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Comunicacion y buen vivir
La Constitución del 2008 incorporó en su articulado derechos del buen vivir, que contrariamente a lo que significó como filosofía de pueblos indígenas, se redujo en el Ecuador a la creación de un ministerio que le permitió a un cercano colaborador del Gobierno, gozar de un alto sueldo, viajar por todos los países que le fue posible y hacer propaganda de supuestos beneficios de su labor, dejando como legado actitudes provocadoras de hilaridad y rechazo en la ciudadanía.
Pero no es a tan criticado exfuncionario que deseo referirme, aquello quedará como un impagable pasivo del anterior Gobierno. Lo que quiero destacar es que constitucionalmente, se considera a la comunicación como uno de los derechos del buen vivir, no obstante lo cual, es incomprensible que haya existido empeño en perturbar esa facultad innata en los seres humanos, que desde los más remotos orígenes de su existencia buscaron comunicarse unos a otros. Por ello la Declaración de Chapultepec de 1994 estableció que aquella pertenece a los seres humanos, no al poder, agregando que “el ejercicio democrático no puede existir ni reproducirse sin libertad de expresión y de prensa por cualquier medio de comunicación”.
Sobra recalcar que en la Declaración de los Derechos Humanos se garantiza sin restricciones la libertad de expresión u opinión, como lo recoge el artículo 66, numeral 6 de la actual Constitución. Lamentablemente, en la realidad el país experimenta la vigencia de una ley de comunicación regresiva en materia de derechos humanos, atribuyéndole confusamente al derecho ciudadano a la información, la condición de servicio público, buscando amordazar a los medios de comunicación para restringir cuestionamientos al Gobierno, para cuyo efecto se creó la Supercom, cuya misión ha sido ajusticiar y/o atemorizar a quienes transmiten información que subjetivamente considera que no es objetiva, veraz o contextualizada.
Es inaplazable terminar con estas prácticas conculcadoras de la libertad. Sería un buen gesto del actual mandatario eliminar ese organismo repudiado por la gran mayoría de ecuatorianos.