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La comun y la de cuello blanco
Acompaño con el presente cañonazo al título del editorial de hoy. En efecto, la delincuencia está desbordada: la común y la de cuello blanco. Aquella que llamamos común nos persigue en todos los ámbitos en los que cotidianamente desarrollamos nuestras actividades. No hay sitio donde no se manifieste. Ir a cobrar un cheque a un banco es un acto riesgoso (es dar papaya, al decir de los vecinos colombianos), que pone en peligro el pequeño o grande patrimonio que se posea, y hasta la vida. Ir a una iglesia o a un restaurante de día, o peor de noche, también. Igual sucede con una salida al cine o para hacer una visita. Nos estamos convirtiendo en una sociedad asustada, con miedo, recluida. No podemos salir a la calle ni para hablar por teléfono si en casa la señal es mala, como con frecuencia ocurre. Cualquiera pasa y nos lo arrancha (valga el ecuatorianismo) de las manos y si intentamos evitarlo podemos salir apuñalados o baleados. La delincuencia común nos arrincona en los respectivos domicilios pero, hasta en ellos vivimos en riesgo. Los delincuentes saben que son muy pocos los que poseen armas para actuar en defensa de sus familiares, de sus bienes y actúan casi que con certeza de impunidad, aun capturados flagrantemente. Por eso ahora, los que pueden, viven rodeados de guardias particulares. Los guardias públicos no abastecen para mantener el control que hace falta.
Lo que está sucediendo en todo el Ecuador, tiene múltiples causas. Una de ellas, para mí la más grave, es que no existe ejemplaridad pública que vuelva a poner de moda la honradez. Todos los días el país es golpeado con la información de nuevas pillerías consumadas por funcionarios de “cuello blanco” y corbata, que administran bienes públicos por nombramiento o por elección. Ellos ponen de moda el enriquecimiento rápido con garantía de impunidad, en complicidad con la administración de justicia que, salvo excepciones, se volvió partícipe de una concepción cada vez más asumida: el patrimonio nacional es un botín de libre disponibilidad para quienes tienen el privilegio de acceder a un cargo público.