Competitividad 3

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Competitividad 3

Los tres peores ubicados según el ‘ranking’ internacional de competitividad en cuanto al clima de negocios, son Brasil, que con sus 44 puntos cayó al antepenúltimo lugar; Ecuador, que se mantuvo en penúltimo lugar con 40 puntos, y Venezuela, que permanece desde hace varios meses en el último lugar, con solo 20 puntos.

¿Curioso? ¡No! Son los tres países que fueron liderados por Lula/Dilma, Rafael, y Chávez/ Maduro, que nos metieron a la novelería del socialismo del siglo XXI, de la cual nos cuesta horrores salir.

¿Por qué importa el clima de negocios? Sencillamente porque en nuestro país más del 90 % del empleo depende del sector privado, y las empresas no van a prosperar si el Estado no permite un ambiente proempresarial.

No hay que minimizar el esfuerzo del gobierno de Moreno en facilitar un entorno adecuado. El Código Orgánico de Producción e Inversiones, sus reglamentos, la ley de fomento productivo, su reglamento en construcción, el nuevo proyecto de Fomento 2 -en diseño-, la facilitación de trámites; todos estos factores nos indican que está claro para muchos en el frente productivo del Gobierno que esta es la hoja de ruta. Pero... ¿por qué no se siente?

Más bien, según un reporte de Lexis que cayó en mis manos, el empresario piensa que el Estado dice: “Si produce, póngale requisitos; si vuelve a producir, aplíquele un reglamento engorroso, y si sigue produciendo, ponga un impuesto especial. En todos los casos, exija muchos permisos, autorizaciones, sellos, firmas, tasas, licencias y multas”.

En resumen, ser empresario en Ecuador es de titanes. Hoy un engorroso marco normativo atenta día a día contra la actividad. Veamos el caso de las plataformas UBER, Cabify, Glovo, Easytaxi y varias más, que hoy generan ingresos adicionales a más de diez mil personas; resultado: no les facilitan normas de operación.

Hay esperanzas. El anunciado programa de competitividad llegará pronto, ojalá a tiempo. Habrá que hacer todos los esfuerzos públicos y privados para que funcione antes de que las pocas empresas en constitución se desalienten, las grandes se reduzcan y las que esperamos ansiosamente no aterricen.