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El cohecho es bilateral

Se decía que la espada de Bolívar recorría América Latina. Un pensador de estirpe, con buen sentido de lo que sucede, expresó que lo que recorre por América es la corrupción. Esta es una verdad innegable. De la misma manera, día a día se ratifica que la corrupción no tiene ni ideología, ni banderas, ni fronteras. La corrupción es parte consustancial del hombre y de la mujer que carecen de ética, de principios morales y que por encima de todo quieren tener, antes que ser. El último escándalo, que ya no horroriza sino que ratifica la podredumbre social en que vivimos, es el relacionado con los negociados millonarios operados en Petroecuador. Alguien, igualmente, calificó al petróleo como el excremento del diablo. A los corruptos no les importa revolcarse en la carroña, que así se califica al petróleo, con tal que ellos y sus futuras generaciones pasen a mejor vida. Con motivo de este nuevo escándalo se ha afirmado que se encuentran involucrados en las negociaciones dolosas muchos empresarios privados, queriendo de esta manera ocultar los indecorosos manejos de miembros del sector público. Nada nuevo es que junto con altos funcionarios del poder público estén involucrados altos representantes del sector privado. Uno de los delitos cometidos por unos y por otros en este escándalo, es el delito de cohecho. El cohecho es un delito de corrupción que se materializa con la participación de un funcionario público y un particular. Esta bilateralidad significa que tan corrompido es el que pide cono el que da, así como el que ofrece y el que recibe dinero a cambio de lograr prebendas jugosas a costa de los dineros del Estado, es decir, a costa de los “idiotas” de los ecuatorianos. Por estas consideraciones no debe alarmarnos que estos cohechos tengan como actores a funcionarios públicos y a empresarios privados.

Los ecuatorianos no sabemos para dónde mirar, porque “donde se pone el dedo salta la pus”. Hay una gangrena nacional que si no se la cura a tiempo, formando una nueva mentalidad en las gentes, el destino de nuestra nación se torna sombrío para las nuevas generaciones.

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