Coca Codo: seis años de mentiras

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Coca Codo: seis años de mentiras

Un nuevo informe técnico sobre la central hidroeléctrica llegó al despacho del presidente.  Según los técnicos, las fisuras en el hormigón no tienen compostura.

Jorge Glas en la inauguración de hidroeléctrica Coca Coda Sinclair
Inauguración. El 19 de noviembre de 2016, el entonces vicepresidente Jorge Glas dio su visto bueno a las 7.648 fisuras entregadas por Sinohydro.cortesía

“El problema se torna insoluble”... El último informe técnico sobre la situación real de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, documento reservado de 38 páginas densas en información que se encuentra en manos del presidente de la República desde el 31 de marzo pasado, pinta una situación casi terminal para la obra emblemática del correísmo: las cosas están mucho peores de lo que se cree. Seis años de reparaciones y soldaduras en las 7.648 fisuras detectadas en la primera inspección, antes de que la obra fuera inaugurada, han sido en vano: las fisuras tercamente reaparecen (y lo seguirán haciendo, no importa cuántas veces se las suelde), amenazando la integridad de los generadores. Los técnicos recomiendan al presidente no recibir la obra. Él se lo tiene bien callado pero ya lo sabe: necesita tomar una decisión radical y hacerlo pronto.

El informe, al que este Diario tuvo acceso, fue realizado por los técnicos especialistas de la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) Guido Llaguno, Byron Erazo y Daniel Castro, y revisado por el ingeniero Francisco Mafla, a partir de la inspección a los distribuidores de las unidades 5 a 8, correspondientes a la fase 2 de la central hidroeléctrica. Está fechado el 26 de octubre de 2021 y no solo describe el estado de la hidroeléctrica, sino que documenta los seis años de mentiras y engaños por parte de la compañía contratista, la china Sinohydro, y las autoridades del gobierno de Rafael Correa que, cuando inauguraron la obra, estaban informados de los desperfectos.

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Las fisuras son en realidad auténticos agujeros por donde el agua entra a chorros a través del muro de hormigón, resultado de las tensiones residuales que se producen en los distribuidores y que superan el límite de elasticidad del acero usado para su construcción. Esto ocurre porque Sinohydro incumplió una de las cláusulas más importantes del contrato: aquella que la obligaba a ajustarse a los códigos de la ASME (Asociación de Ingenieros Mecánicos de Estados Unidos) y presentar, como prueba de ello, el respectivo sello de certificación. Cosa que no ha hecho hasta la fecha: no ha demostrado su propia certificación ASME ni la de sus subcontratistas que enviaron material defectuoso desde China.

Dice el informe: “no se siguieron los procedimientos establecidos (por el código ASME) en las etapas de diseño, adquisición de materiales, fabricación y montaje”. Entre otras cosas, el código ASME establece que las tensiones residuales no deberían superar el 30 por ciento de la elasticidad del acero (en Coca Codo Sinclair superan el 100 por ciento) y que el número aceptable de fisuras para una central hidroeléctrica es... ¡cero!

Sinohydro ha estado engañando al Estado ecuatoriano desde el primer momento. El informe cita tres comprobantes de calidad de 2013, con los cuales la compañía china certifica que “las pruebas de fábrica (de los materiales defectuosos) fueron satisfactorias”: primera mentira. Luego de detectadas las más de siete mil fisuras en 2015, Sinohydro volvió a mentir: “aseguró a Celec que se repararon todas las fisuras de los ocho distribuidores”, que “se corrigieron todos los defectos hallados”. De eso hace seis años y los daños siguen ahí.

Una y otra vez las fisuras han sido reparadas, han reaparecido y se han vuelto a reparar, siempre mediante soldadura a pesar de que es un método ineficiente para solucionar este problema. Pero es el método de Sinohydro. En varias ocasiones, Celec ha pedido a la compañía china que “examine alternativas técnicas diferentes a la soldadura” pero ésta se ha mostrado “renuente a encontrar soluciones”. El hecho es que no hay arreglo para las fisuras y es urgente buscar una alternativa.

Nadie ha olvidado ese 19 de noviembre de 2016. Desde las instalaciones del ECU-911, los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y China, Xi Jinping, accionaban el botón de mando que ponía en funcionamiento las turbinas mientras que allá, en la hidroeléctrica, el vicepresidente Jorge Glas, convertido hoy en el reo más mimado del país, pronunciaba las palabras mágicas: “¡Misión cumplida!” Ecuador acababa de comprar 7.648 huecos por 3.200 millones de dólares.

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