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Clamor contra la impunidad
Viejo mal de la vida nacional, agravado desde los inicios de la explotación del petróleo, estimulado en alto grado en la década pasada, precisamente en razón de los altos precios alcanzados por el crudo, la corrupción que continúa asomando su repugnante rostro no puede dejarse sin sancionar.
Si con voluntad y firmeza se quiere luchar contra ella, es imperativo que se manifieste, en la práctica, todo el cúmulo de acciones requeridas, de modo que el discurso que establece la urgencia de combatirla cobre la elocuencia de los hechos.
En efecto, cuando el país escucha con agrado que la primera lealtad presidencial se debe a los intereses de la República, espera con impaciencia que se evidencie que así se procede.
Sin pretender que se violenten los procedimientos y se atropelle la independencia de las otras funciones, tal cual era habitual durante el anterior ejercicio presidencial, debe el jefe del Estado, que también es el presidente del partido político gobernante, actuar en consecuencia, sin dejar hacer, dejar pasar, so pena de aparecer cómplice por omisión.
Es obvio que, como militante fundador de ese partido, le interese promover de la mejor manera su fortalecimiento y supervivencia. Por ello entonces, si quiere apartarlo de los antiguos y siempre repudiados procedimientos que permitieron establecer “delitos sin delincuentes”, no puede permitir que los legisladores de su mayoritario bloque fomenten la impunidad aduciendo que no hay pruebas incriminatorias contra el vicepresidente de la República, siendo que en cambio los indicios sobrepasan lo requerido para someterlo a un juicio político que, ese es el objetivo de dicho procedimiento legislativo: investigar y esclarecer.
Mientras tanto, y como la situación política no puede distraer la acción urgente requerida para atender la crisis económica, perjudicada también por la sensación de ser un país sumergido en un pantano de corrupción, es imperativo que para poder llevar adelante el esfuerzo requerido para intentar superar la recesión antes, el país disipe la sensación de estar sometido a esfuerzos extraordinarios para vencer la difícil situación de la economía, que no se evitó a pesar de los altos precios alcanzados por el petróleo y que por el contrario, la impunidad estimuló en alto grado. Es imperativo actuar con urgencia.