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Civiles contra el pueblo

Me sumo a las voces de la oposición política, de la prensa independiente, de los gremios comerciales y de abogados, y de todos cuantos rechazan el perverso Código de Seguridad. Convencido estoy de que es un deber cívico hacerlo. Este gobierno se ha empeñado desde su comienzo en acabar con la institucionalidad del país, sin importarle las violaciones en que ha incurrido. ¿Recuerda usted que Correa se proclamó públicamente jefe único de todas las funciones del Estado por el simple hecho de ser presidente? ¡Pues lo ha logrado! Su convicción era evidente, aunque descansaba en una penosa ignorancia de las normas legales. Convirtió a los poderes del Estado en simples apéndices del Ejecutivo y los temas electorales, judiciales, fiscales y legislativos de su interés pasaron a ser resueltos imperiosamente por el Ejecutivo. Hoy, no sabiendo a quién más agredir, arremete contra la sociedad civil, vapuleando de paso, una vez más, a la complaciente Fuerza Pública. La sociedad civil debe sentirse seriamente amenazada si mañana ejerce su derecho constitucional a protestar. La protesta, a pesar de su legitimidad, sería castigada tras unas simples explicaciones del Ministerio del Interior y la agresión contra el pueblo (en todos sus niveles, incluida la pérdida de vidas), se consumaría a través de esa fuerza organizada de civiles armados con vocación de sicarios. Fascismo puro jerarquizado como política de Estado que responde a la desesperada necesidad de conservar el poder y cuidar de la integridad física de ciertos personajes privilegiados y de “primera clase”, distintos a la masa ciudadana, a manos de una creciente delincuencia callejera.
Se reclutará a civiles que podrían portar los 10 mil fusiles AK-47 que aparecieron misteriosamente, sin conocimiento de las FF. AA. y cuyo paradero el país ignora también.
Ahora el Gobierno se apresta a armar a militantes de Alianza PAIS. Armarán al partido que nos gobierna con su clara meta de aferrarse al poder. Nadie más podría estar dispuesto a cumplir tan innoble cuanto repudiable tarea. La integridad y la vida misma de los ciudadanos estaría en sus manos y a la decisión política de un partido. Nos preguntamos, entonces, si las FF. AA. serán retiradas de Carondelet y de la Asamblea, para ser sustituidas por esos nuevos héroes de la revolución, confiables civiles armados , organizados en brigadas, milicias, falanges o como quieran denominarlas. Sin embargo, los abusos y eventuales infracciones penales que llegaren a cometer, serán (que lo sepan desde ahora) de la coautoría intelectual, cuando menos, del gobernante que propuso su aparición y de sumisos servidores del gobierno actuando como asambleístas .
¿Es posible que las FF. AA. crean que su rol solo puede cumplirse resguardando las fronteras o guerreando contra un país vecino? ¿Acaso la paz no constituye un valor superior? Están siendo derrotados y diezmados por simples plumazos de corte dictatorial.
No podemos especular sobre cuánto incidirá en el gobierno de Moreno ni en su lealtad para con este, la creación de estas huestes civiles, armadas y nacidas bajo el calor emocional de Correa y de su concepción personal de la revolución ciudadana. Un nuevo gobierno que anuncia ser conciliador y pacifista podría resultar frustrante para quienes creen en la agresión inacabable de una revolución permanente.