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El cierre de la maternidad deja intranquilos a centros medicos
Es un secreto a voces. En la calle Pedro Pablo Gómez entre Pío Montúfar y 6 de Marzo, la mayoría de propietarios de los laboratorios y centros de diagnóstico ecográfico que se asientan en el lugar no quiere hablar.

Es un secreto a voces. En la calle Pedro Pablo Gómez entre Pío Montúfar y 6 de Marzo, la mayoría de propietarios de los laboratorios y centros de diagnóstico ecográfico que se asientan en el lugar no quiere hablar.
No quieren darse una “mala fama”, precisan, temen que por reconocer su incertidumbre, sus clientes -los pocos que han tenido en estos últimos 3 días- los dejen de visitar.
Y es que desde que la maternidad Enrique Sotomayor cerró sus puertas para trasladarse a la ciudadela la Atarazana, bajo el nombre del Hospital de la Mujer Alfredo G. Paulson, inaugurado ayer, la ausencia de clientes en los cerca de 40 establecimientos médicos situados en la zona periférica de la tradicional entidad, a decir de los mismos profesionales, ha sido bastante notoria.
“Son las 12:00 y apenas he hecho una ecografía. Esta calle, que por décadas fue una de las más transitadas, hoy no es más que una vía fantasma”, señala una ginecóloga que prefirió no revelar su nombre. Ella, quien tiene su despacho desde hace 15 años en el segundo piso de un vetusto edificio situado al frente de la puerta principal de la entidad, afirma que su trabajo le dejaba de ganancia un promedio mensual de $ 2.500. Le inquieta, al igual que los comerciantes, tal como publicó el pasado jueves EXPRESO, que los frutos, desde ahora, no sean los mismos.
Y no tanto por el tema del alquiler, pues a diferencia de los proveedores de ropa de bebés, alimentos y pañales (que pagan entre $ 400 y $ 1.200 por arriendo), en el sector los profesionales cancelan entre $ 180 y $ 300 al mes, máximo, por local. “Simplemente estamos pasando por una crisis, ya hemos tenido bajas. Que ahora nos vaya mal, sería lo peor que nos podría pasar...”.
Amada González, auxiliar del laboratorio clínico Dr. Armando Llimaico, afirma que el negocio, dedicado a elaborar desde exámenes de rutina hasta los pocos comunes, está pasando por algo similar. De un promedio de 15 o 20 pruebas diarias, los pedidos se han reducido a 5 o 6. Y aunque no precisa montos, aclara, la diferencia es palpable.
Sin embargo ella, al igual que otras 2 obstetrices de las 7 que ocupan las instalaciones de lo que hace décadas fue la Clínica Interamericana, aclaran que ese declive no se da precisamente por la clausura de la maternidad. Esta no le transfería clientes, ni mucho menos. Sin embargo, un considerable número de ellos asiduamente los buscaba para agilitar procesos. Por inmediatez, sobre todo cuando las filas en el centro gineco-obstétrico eran demasiado largas o las citas muy lejanas
¿Qué harán al respecto? Buscarán nuevos clientes. Utilizarán las herramientas digitales para promocionarse, captar la atención del público y consolidarse.
“La mayoría de nosotros contamos con una cartera de clientes fija”, concluye Rubén Hidrovo, especialista en anatomía patológica, desde su despacho ubicado en el segundo piso del edificio # 130, en la intersección de Pedro Pablo Gómez y 6 de Marzo.
La clave para seguir creciendo está en mantenerlos, en dar un buen servicio y continuar preparándose y trabajando, concluye. Él es uno de los pocos que, en cuanto a lo económico, se muestra positivo. Lo financiero no lo intranquiliza, Hidrovo es de los que piensa que los pacientes ahora o mañana llegarán. No obstante, lo emocional sí lo tiene cabizbajo. “Saber que la maternidad está cerrada, emocionalmente me afecta. Es como si algo me hayan arrancado”. Nada lo siente igual.
Al momento son 3 las cuadras afectadas directamente por la mudanza. La Clínica Ortiz no consta en la lista. “Llevamos 4 décadas aquí y hemos trabajado por conseguir nuestros propios clientes”, precisa Luis Ortiz, su dueño. “Nuestra entidad está equipada y atiende las 24 horas... El cese de funciones, por tanto, no nos afecta”, decreta.