Una ciclovia de tubo bajo

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Una ciclovia de tubo bajo

Media docena de deslaves, que han desparramado lodo y piedras en ambos carriles de la pista; charcas alimentadas por escurridizos manantiales; tramos enfangados; grietas que parecen rayos; rocas como pelotas de balonmano; montes que devoran el asfalto;

Una ciclovía de tubo bajo

Media docena de deslaves, que han desparramado lodo y piedras en ambos carriles de la pista; charcas alimentadas por escurridizos manantiales; tramos enfangados; grietas que parecen rayos; rocas como pelotas de balonmano; montes que devoran el asfalto; pilas de basura...

La ciclovía que discurre entre Puerto Azul y Progreso, en la vía a la costa, pedalea con los tubos bajos. Y más aún cuando las lluvias deshacen las laderas como mantequilla al fuego.

Tras atravesar el puente peatonal de Puerto Hondo, Guillermo Ayala, presidente de la ciudadela Puerto Seymour, tensa los brazos sobre el manillar. Teme perder el equilibrio. Debe superar una triple prueba de valor en forma de balsas, donde un musgo cetrino se ha soldado al pavimento y rozar los frenos es sinónimo de trompada.

Da igual que hayan transcurrido tres años desde la inauguración del proyecto, en el que se invirtieron 9,5 millones de dólares. En lugar de relajarse contemplando el paisaje, el dirigente vecinal rueda con los ojos anclados al piso. “Cuando agarro la bicicleta de ruta, voy por el arcén de la carretera porque la ciclovía está intransitable. Fue una buena obra, pero hay que cuidarla”, critica a través de EXPRESO.

Los derrumbes se suceden, igual que las zonas cubiertas de barro, piedras y troncos. En dos ocasiones, Guillermo y su hijo Daniel, que cabalga una montura de ruta para mostrar las dificultades a las que se enfrentan quienes no practican la modalidad de montaña, echan el pie a tierra y cruzan los obstáculos con los velocípedos a cuestas. “En condiciones normales, ya hubiera regresado a casa”, sentencia el joven en el kilómetro 32.

Al igual que su padre y diez corredores que vuelan en la orilla contraria, él solía escoger la autopista. Pero, en febrero de 2015, dio con sus huesos en el suelo tras un toque con una motocicleta. Desde entonces, recela de la calzada y se le han agotado las opciones. “En invierno es imposible usar la ciclovía. Ya me ha tocado volver en bus por pinchazos”.

Poco antes de llegar a Cerecita, la maleza, de unos dos metros de altura, comienza a adueñarse de la pista, que se estrecha en distintos tramos hasta la meta de Progreso como esos gigantes alpinos donde hordas de fanáticos jalean en la nuca a las estrellas de las dos ruedas. Y a partir del kilómetro 60, el asfalto parece el lomo de un esclavo azotado. Es el trecho más deteriorado.

Los colectivos de ciclistas secundan las observaciones de los Ayala. El pasado 26 de marzo, veinte integrantes de Ecuador Aventura tuvieron que rodar por la carretera hasta Chongón con motivo de una travesía a Playas. Solo porque llovía. Al menos contaron con respaldo de la Comisión de Tránsito del Ecuador. “Se llenó de agua y se volvió peligrosa”, recuerda Luis Sánchez, presidente del grupo.

La ciclovía es su “estandarte”, así que intenta velar para que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) la atienda “como es debido”. Pero en vez de esperar, ha lanzado un demarraje con dos mingas de limpieza: una en 2016, conjuntamente con Ciclistas de la Calle, y otra hace un mes. “Seguiremos con nuestras iniciativas”, subraya Sánchez, quien ruega que la pista esté conectada a la ciudad o que se instalen señales en las vías de alrededor para que los conductores respeten a los usuarios.

Aldy Tello, presidenta de Biciunión Ecuador, es aún más dura en su análisis. “No hay una política de mantenimiento”, denuncia. Quizás, como comenta Iván Campaña, de Guayaquil en Bici, todo responda a una “falta de consideración” hacia quienes emplean la bicicleta como medio de transporte: “Por lo menos, que la chequeen al mismo tiempo que las carreteras”.

Expertos vs. Ministerio

Dos visiones antagónicas del problema

Los ingenieros civiles Gustavo García y José Macchiavello coinciden con los usuarios en que los problemas de la ciclovía obedecen a un “fallo” de mantenimiento. “Debe haber técnicos recorriéndola regularmente. De lo contrario, será cuestión de tiempo que deje de funcionar”, valora el primero.

Macchiavello también apunta a otras posibles falencias como el tipo de asfalto o la calidad de los sistemas de drenaje.

Pero el director del MTOP en Guayas, Daniel Salas, sostiene que su cartera destina alrededor de 15.000 dólares mensuales a la limpieza del corredor y la carretera, desde Puerto Azul a Olmedo (Santa Elena). Según él, “una asociación de conservación vial” contratada efectúa “de forma continua” los trabajos, en los que colabora personal del ministerio con maquinaria.

Además, añade que el MTOP lleva a cabo labores de bacheo “dos veces por semana” y que los drenajes y el pavimento se implementaron “cumpliendo” con las recomendaciones técnicas del estudio previo.

Pedaleando

Extensión

Ecuador Aventura demanda que la ciclovía llegue al menos hasta Playas. Aunque, en verdad, aspira a que algún día conecte Guayaquil con Salinas.

Las sirenas

En el acceso a una cementera, varios sensores detectan a los ciclistas. Entonces se activan una sirena y la luz roja de un semáforo para que los vehículos a motor paren y los dejen cruzar.