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El ciclo recesivo
El reporte sobre las perspectivas de la Economía mundial del Fondo Monetario Internacional establece, sin ambigüedades, que el ciclo recesivo ecuatoriano que, técnicamente, se declaró el año pasado cuando la economía tuvo una tasa de crecimiento negativo de -2,2 %, continuará el año presente (-1;6 %) y el entrante (-0,3 %).
Tales cálculos contradicen las declaraciones del Ejecutivo y del Banco Central en el sentido de que el decrecimiento el año pasado fue de 1,5 %, existiendo la expectativa y la convicción oficial de que la economía crecerá a la tasa de 1,42 % en el año 2017.
Son cálculos contrapuestos y los diferentes actores escogerán sus cifras de acuerdo a sus preferencias y conveniencias. Desde nuestro punto de vista, el análisis se enfoca en las brechas de percepción, y en su incidencia respecto del desempeño económico en vísperas de cambio de gobierno. En esta visión del tema, las diferencias entre las dos significan, “grosso modo”, que la producción económica sumó unos $700 millones menos el año pasado, y que en el año en curso tales discrepancias aumentarán a alrededor de $1.900 millones. Son, en todo caso, cifras de alta incidencia que reflejan el estado calamitoso en el que se halla la economía ecuatoriana.
Lo más delicado, sin embargo, es que, para lograr resultados que de cualquier forma no son aceptables, el fisco ha debido utilizar recursos netos de acreedores como el Banco Central, el IESS, y los mercados externos, en el orden de $13.000 millones (14 % del PIB) en el último año, en una acción de salvataje fiscal que es irrepetible. El ajuste del gasto público se impone, no por razones de convicción ideológica, sino por cuanto no hay alternativa.
En los años 1982 y 1999 los desajustes fiscales producidos por los choques externos contaminaron al sector privado a través del sistema financiero. Hoy, el fenómeno se radica en el sector fiscal, sufriendo la producción por la iliquidez del fisco, mas no por ninguna burbuja crediticia que es más bien falta de crédito para las actividades generadoras de riqueza.
Son tareas para el nuevo gobierno, y quedamos a la espera de los anuncios de las medidas que permitan cumplir las expectativas oficiales de crecimiento.