China: el gran Estado vigilante

La decisión tomada por el Partido Comunista de China (PCCh) la semana pasada con respecto a eliminar los límites de tiempo aplicables al mandato presidencial parece abrir la puerta para que el presidente Xi Jinping no solo sea “Presidente de todo” sino también “Presidente para siempre”. La medida fue recibida con consternación en todo el mundo, pero a su vez, también, intensificó un debate en curso entre los expertos en China sobre si la mayor amenaza para China es tener demasiado, o muy poco, poder ejecutivo.

La posición que uno adopta con respecto a esa pregunta parece depender en gran medida de si uno es politólogo, economista o tecnólogo. Muchos politólogos y académicos del derecho, por ejemplo, argumentan en contra del cambio, porque consideran que el modelo de liderazgo colectivo que el PCCh estableció después del año 1979 fue uno de sus mayores éxitos. Los límites para los términos de mandato presidencial de ese modelo y el sistema de revisión por pares para la toma de decisiones de alto nivel han proporcionado los controles necesarios para evitar que se repitan las catástrofes de la Era de Mao, como por ejemplo el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural.

De hecho, el nuevo orden político posterior al año 1979 a menudo ha permitido una genuina batalla de ideas, particularmente entre la Liga de Jóvenes Comunistas estatistas y las elites costeras quienes favorecen una mayor liberalización económica. China puede seguir siendo una sociedad cerrada de muchas maneras, pero sus principales formuladores de políticas han demostrado tener predisposición y mente amplia para experimentar y aprender a través de la prueba y el error. Al final de la presidencia de dos mandatos de Hu Jintao en 2013, muchos temían que el modelo de liderazgo colectivo fuera inadecuado para enfrentar los intereses económicos creados, hacer frente a la desigualdad y proveer bienes públicos básicos. Ya en el 2007, el primer ministro de Hu, Wen Jiabao, había llegado a la conclusión de que la trayectoria económica de China era “inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible”.

Por el contrario, según sostienen los economistas, Xi ha comenzado a dar vuelta las cosas al luchar por un “partido más limpio”. Su masiva campaña anticorrupción ha encarcelado a miles de funcionarios del partido de todos los niveles, y ha restablecido la reputación del PCCh entre sus miembros de base. Los economistas admiten que la campaña de Xi también ha eliminado convenientemente a muchos de sus potenciales rivales. Pero argumentaran que su posición fortalecida ahora le permite reemplazar un modelo de crecimiento basado en deuda financiada con crédito con algo más sostenible. A pesar del éxito de Xi con respecto a consolidar su poder y extender su control indefinidamente, hay motivos para dudar de que él estaría dispuesto a arriesgarse con un nuevo modelo económico, si la sostenibilidad resulta ser incompatible con el mantenimiento de un crecimiento rápido. Aquí los tecnólogos ofrecen nuevas formas de corregir o evitar posibles errores.

La belleza de una dictadura con grandes bases de datos es que podría sostenerse a sí misma más a través de “pequeños empujones” para manipular las perspectivas y comportamiento de las personas y menos a través de amenazas directas y castigos que se tornan en un espectáculo público. Si hay algo en lo que todos -cientistas políticos, economistas y tecnólogos- pueden estar de acuerdo, es en que Xi está construyendo el régimen vigilante más poderoso e intrusivo de la historia de la humanidad.