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Caminar a casa tras la quimioterapia

El albergue Soldaditos de Dios busca cómo movilizar a sus pequeños beneficiarios. Los niños no residen en Guayaquil.

Caminar a casa tras la quimioterapia

Para Bryan, repetir aquella frase es como un juego: “caminamos cuatro cuadras, de ahí cogemos el bus, de ahí nos bajamos, de ahí cogemos el otro bus, de ahí ya llegamos”. Una enorme sonrisa se le dibuja en su delgado rostro moreno. “Rima”, explica.

Mientras viaja, mira la ciudad por la ventana y trata de no pensar en la quimioterapia, que lo deja extenuado y mareado, pero que, como su mamá le recuerda, le salva la vida.

De vez en cuando, si deja el hospital Francisco Icaza Bustamante sintiéndose muy mal, viaja en taxi, pero los $ 5 que separan la casa de salud del albergue donde residen cuando llegan a Guayaquil desde El Guabo, en la provincia de El Oro, son prohibitivos para su familia.

En el hogar ‘Soldaditos de Dios’, que recibe a niños como Bryan cada día, verlos llegar a pie después de las terapias es un golpe directo al corazón.

Así lo indica Sandra de Morales, directora y fundadora de la institución, que abrió sus puertas en 2013. “Nosotros iniciamos esta obra por estas familias, de provincias, que debían venir a Guayaquil a tratar a sus niños y, como no tenían dónde alojarse, a veces dormían hasta en la calle”, recuerda.

En cinco años, la institución, que cuenta con aportes de la Teletón, de entidades privadas y de donaciones voluntarias, ha avanzado, añadiendo camas, televisores, acondicionadores de aire y equipos de cocina a lo que empezó como una vivienda vacía; todo para que padres y niños puedan subsistir en la ciudad mientras los pequeños luchan mano a mano contra el cáncer.

Pero el transporte es un problema que aún no han podido solucionar. “Esa es nuestra meta este año. Originalmente, todos nuestros niños se hacían tratar en Solca, que está a varias cuadras, pero ahora muchos van hasta el centro sur, al Icaza Bustamante. Para estas familias, el traslado en taxi es una fortuna”.

A falta de fondos para contratar a un conductor a tiempo completo, la organización inició ‘Soldaditos sobre ruedas’, una campaña con la que esperan encontrar fondos privados que les permitan pagar un taxi que sirva como expreso para trasladar a los pequeños. La idea, explicó Morales, es que el vehículo haga dos carreras, en la mañana y en la tarde, desde el albergue hasta los hospitales y viceversa.

“Estamos pidiendo a las empresas que nos ayuden para que estas familias no tengan que sufrir para poder salvar las vidas de sus hijos”.

En busca de padrinos

Además de las empresas privadas y el Cabildo, el albergue tiene un sistema de ‘padrinos’, que pueden hacer depósitos en la cuenta de la entidad (se puede ver en sus redes sociales), o reciben donaciones de productos comestibles, de limpieza, ropa, juguetes y demás.