Actualidad
Solo un cambio de estilo
El país requiere de un cambio en la manera de gobernar. Pensar que la llegada de Lenín Moreno al poder es solo una variación de estilo, pospone para el infinito las reales necesidades que deja una fase de inocultable crisis de repercusiones múltiples.
Si se observa de manera objetiva las decisiones que ha tomado el presidente saliente, se puede arribar a la conclusión de que este quiere permanecer como factor determinante en la conducción del Estado. De su voluntad parten la rápida designación del fiscal general, el nombramiento del presidente de la Asamblea Legislativa, la continuidad de la Corte Constitucional y el contralor, y, muy probablemente, la integración del gabinete ministerial.
No cabe duda que Correa, alimentado de esa egolatría que lo hace sentirse predestinado, pretende proyectar su nombre como el fenómeno de mayor duración en la vida política nacional. Y si a todo esto se añade el conjunto de medidas que tienen que ver con el funcionamiento de la economía, las relaciones de comercio a través de los tratados bilaterales, el desbocado endeudamiento público, los ajustes legales que llevan la marca de la visión clientelar del “correato”, podemos sostener que lo que aquel deja a Moreno de herencia es una verdadera “camisa de fuerza”.
El 24 de mayo se inicia una fase crucial para el nuevo presidente. Su posesión, más allá de la solemnidad, implica el comienzo de una prueba de fuego para enfrentar la dura realidad de hacerse cargo de una nación en crisis.
Lo primero, es el verdadero control que debe tener sobre su frente interno. En esa dimensión, resulta un real escollo la dirección del Legislativo en manos de un personaje que llega con un claro libreto de continuidad, y de un bloque de mayoría incondicional. Tiene por delante también el compromiso al que alude, de tender puentes, lo cual significa ir más allá de las relaciones formales y arribar a verdaderos acuerdos.
Si bien el país va a descansar del aquelarre del poder, espera señales de capacidad e independencia.