La caída en cámara lenta de Jorge Glas

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La caída en cámara lenta de Jorge Glas

La fiscal Diana Salazar halló indicios de “directa influencia” del vicepresidente “para consumar el ilícito” de Odebrecht.

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Solitario. Contrario a la costumbre, Glas compareció sin su partido ante la prensa.Internet

El único eclipse que pudo verse ayer en Ecuador fue el de la figura del vicepresidente Jorge Glas, quien perdió sus últimos rayos de vida política a las 12:30, cuando la Fiscalía hizo pública su intención de procesarlo por asociación ilícita en la trama de corrupción auspiciada por Odebrecht.

Ya sin funciones, pero aferrado al cargo en el membrete, la caída en cámara lenta de Jorge Glas solo tenía dos caminos: el juicio político o el enjuiciamiento penal. Esta vez, ha llegado primero la Justicia.

El camino para la caída jurídica lo había preparado con esmero la fiscal Diana Salazar, encargada de alzar la alfombra de Odebrecht para hallar indicios de corrupción. En su último impulso, antes de inhibirse para elevar la causa al despacho de la Fiscalía General y el llamamiento a juicio ante la presidencia de la Corte Nacional de Justicia, describe con todas sus letras en un proceso jurídico lo tantas veces negado por la política: hay indicios.

“El Ing. Glas Espinel en su calidad de ministro y vicepresidente ejerció directa influencia en el ámbito de las funciones encomendadas facilitando así la consumación del ilícito investigado”, señala Salazar en su escrito.

Una fiscal ágil. Se tomó en serio la tarea desde el inicio de su indagación el 24 de mayo, al mediodía. Mientras Jorge Glas recibía la investidura por segunda vez, Salazar abría la investigación sigilosa que terminaría por dejarlo al fondo del abismo. Lo hizo con prontitud, pero aplomo: solicitó la prisión preventiva para su tío, Ricardo Rivera, desde el primer operativo, lo ametralló con 77 preguntas durante el interrogatorio, amplió cada aparición de su nombre en el material de la delación con los involucrados. Y, finalmente, consideró que debe ser procesado.

Para cuando el rumor de su vinculación, a primeras horas de la mañana, era casi un hecho, Jorge Glas anunciaba el regreso a las entrevistas mañaneras, que ha convertido en banquillo de defensa desde la campaña electoral.

Entre el vicepresidente sin funciones y el banquillo de acusados se interpone aún el visto bueno de la Asamblea Nacional, donde 91 voluntades de 137 deben votar a favor en el Pleno controlado por 74 legisladores de PAIS. El debate se rebaja ahora a categoría de trámite. Glas ha pedido a su partido que dé paso al enjuiciamiento, en una declaración pausada y de cabeza baja, que impide -o posterga- la posibilidad de una votación dividida en el oficialismo, donde las matemáticas legislativas ya han abandonado al segundo despacho del país.

El anuncio de la Fiscalía General, coincidente en tiempos con la reunión del alto mando de PAIS en Bélgica, obligó al Jorge Glas a comparecer en una cortísima rueda de prensa, sin opción a preguntas.

Para entonces, ya sin funciones vicepresidenciales, ya sin confianza del presidente Lenín Moreno, ya sin popularidad (Cedatos cifró ayer su aprobación en apenas 20 % de la población), ya sin respaldo en la Asamblea (que intentó fallidamente un juicio político y se prepara para otro), ya sin posibilidades de esgrimir falta de indicios en su contra, ya sin una marea verde flex que antecediera a su versión con reacciones de defensa desde el Twitter y los micrófonos, Jorge Glas se mostró en las palabras -contrarias a su expresión facial- optimista: “Es una nueva oportunidad para demostrar mi inocencia”, dijo. Y clavó la mirada en el papel que le servía de guía.

A su discurso, le ha seguido el respaldo firme de su último gran aliado, el expresidente Rafael Correa, confesado en tres tuits luego de días en silencio: “Continúa el show. Sin prueba alguna, Fiscalía vincula a vicepresidente en caso Odebrecht”.

La vinculación de un vicepresidente acorralado por denuncias de corrupción, que van desde Odebrecht hasta Caminosca, pasado por las múltiples causas petroleras, tiene hoy imagen de inminente. Y no sorprende a nadie. Ni siquiera al propio Glas: “En el fondo, esto no me sorprende”, dijo el segundo mandatario, quien podría cambiar pronto su título por decimoséptimo procesado.