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En busca del cohete reciclable

Imagine que un día todos pudiéramos viajar al espacio... El deseo del historiador de la NASA, Aleksej Rollander, está cada vez más cerca. Que cualquier persona que lo desee pueda ponerse en órbita a un precio razonable o, que las naves terrestres exploren los asteroides con frecuencia para extraer recursos minerales que hagan falta en la Tierra.
Si hasta hace poco este sueño se consideraba ficción, ahora empieza a ser posible gracias a los logros obtenidos por la empresa estadounidense Space X, que ha conseguido por primera vez reutilizar un cohete en una misión orbital.
Que los propulsores, hasta ahora de un solo uso, puedan reaprovecharse para distintas misiones como si fueran un avión, abre la puerta a la democratización del espacio y, a un lucrativo negocio para el que ya se han situado decenas de empresas en el despegue.
Blue Origin también está en la carrera, mientras que China, Rusia y la Agencia Espacial Europea lo siguen intentando. En Europa, Airbus tiene en marcha el proyecto Adeline.
Misiones más baratas. Para llevar al espacio cualquier nave de pasajeros o de carga es necesario ponerlas en órbita y para ello hacen falta cohetes que los transporten en una primera fase, hasta que se venza la gravedad terrestre, para lo que se precisa una gran potencia de propulsión.
Estos módulos, que son los más costosos de cada misión, se pierden, porque hasta ahora nunca se había conseguido hacerlos aterrizar de forma controlada. Un ejemplo: construir un cohete Falcon 9, el que utiliza Space X, cuesta más de $ 55 millones.
Se extraerán minerales de los asteroides. Es una de las opciones que abren los vuelos orbitales low cost. Existe ya una empresa, Planetary Resource, participada por el director de cine James Cameron y los fundadores de Google, que ha lanzado tres satélites de prueba para explorar esta posibilidad. Pero la propia compañía había advertido que su éxito dependería del desarrollo de tecnologías que permitan vuelos espaciales de bajo coste.
El turismo espacial se popularizará. El primer turista espacial fue el multimillonario Dennis Tito, que en el 2001 pagó más de 20 millones de dólares a la Agencia Espacial Rusa Roscosmos por una plaza en la Soyuz para viajar a la Estación Espacial Internacional. Pero, con democratización del espacio, será mucho más barato, aunque por el momento se desconocen las cantidades.
Muchas empresas pugnan por el negocio en Estados Unidos y Europa. Pero la que lleva ventaja es Virgin Galactic, del millonario Richard Branson, aunque el fracaso de una de sus naves de prueba el pasado año ralentizó sus planes. Cerca de 1.000 personas han pagado su billete para un vuelo suborbital, a un precio de 200.000 dólares; en el futuro espera hacer también viajes orbitales.