La brecha de PAIS se vuelve una fractura

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La brecha de PAIS se vuelve una fractura

Lo que hasta hace poco era una brecha, disimulada por PAIS con una emblemática selfie donde la cúpula del partido posaba alrededor de los sonrientes Correa y Moreno, se ha convertido ayer en una fractura, justificada por el diálogo.

La brecha de PAIS se vuelve una fractura

Andersson Boscán / Roberto Rueda / Carla Maldonado

n Guayaquil y Quito

El partido de Gobierno se mueve para evitar una implosión. La incapacidad de Rafael Correa para asumir su condición de expresidente y renunciar a la de tuitero compulsivo ha terminado por conducir a PAIS hacia una guerra tan fratricida como pública, impulsada con constancia a través de críticas cada vez más subidas de tono contra el presidente Lenín Moreno, a quien acusaba en un inicio de “claudicar” en los principios de soberanía, luego de “torpeza” y, finalmente, ayer, de “mediocridad o deslealtad” y hasta de “corrupción”.

Lo que hasta hace poco era una brecha, disimulada por PAIS con una emblemática selfie donde la cúpula del partido posaba alrededor de los sonrientes Correa y Moreno, se ha convertido ayer en una fractura, justificada por el diálogo.

La iniciativa de acercamiento político ha llevado a Moreno a compartir mesa con enemigos tradicionales del correísmo: Jaime Nebot (PSC), Mauricio Rodas (SUMA), Paúl Carrasco (Participa), Jimmy Jairala (Centro Democrático), Wilma Andrade (ID), Cynthia Viteri (PSC) y Dalo Bucaram (FE). El diálogo se ha convertido en el emblema del nuevo Gobierno. Pero también en su talón de Aquiles, casa adentro.

“No puedo ser parte de un Gobierno que cogobierne con el Bucaramato”, expuso ayer Marcela Aguiñaga desde la Asamblea Nacional, donde lidera a un puñado de altavoces vistas por sus compañeros de bancada como el ala radical alineada con Correa.

En el mismo tono se mantiene la secretaría ejecutiva de PAIS, retenida por Gabriela Rivadeneira, quien ha preferido evitar las delicadezas de sus anteriores críticas contra el diálogo iniciado por el Ejecutivo aupando ayer en redes el mantra que alineó al ala radical: “Con los Bucaram ni a la esquina”. Su postura personal: “El diálogo es con el pueblo, no con los políticos”, como dijo ayer a este medio, ha encontrado resonancia en el correísmo duro.

Desde la veterana Doris Soliz hasta el novato Daniel Mendoza, los legisladores de esta facción han acogido la definición de “líneas rojas” para enviar al presidente de la República y del movimiento oficialista un mensaje de precaución en sus ánimos reconciliadores.

La división pública encontró un desfogue la tarde de ayer en la agenda programada previamente por Carondelet. Una reunión para definir el programa de Legislatura terminó tomada por el debate de la pugna interna, que ya nadie oculta.

“Es impensable que en un movimiento como este, en medio de una transición, no haya pugnas o diferencias de criterios”, reconoció a este Diario Hermuy Calle.

El legislador oficialista marcó el tono de las declaraciones que emanarían después de la reunión de tres horas (inicialmente prevista para durar sesenta minutos) entre los representantes verdeflex del Pleno y el presidente Moreno, bajo cuya figura han empezado a despertar muestras públicas de respaldo que, por descarte, significan un desplante a las críticas del exmandatario.

“Censuro la violencia en el diálogo, algunas palabras injustificables y el uso de Twitter para peleas”, sentenció ayer Elizabeth Cabezas, adscrita a la facción moderada y conciliadora de PAIS, que aboga por el respeto al nuevo mandatario, nuevo estilo y nueva propuesta de unidad.

El presidente se ha hecho escuchar con voz propia por primera vez desde el inicio de las críticas contra la transición: “Para el odio, no cuenten conmigo”, escribió en un mensaje de defensa del diálogo con todos los sectores, donde se incluye la intención de invitar al propio Guillermo Lasso, el más hostil opositor de Gobierno, a una conversación. La oficina de Lasso descartó ayer que, como lo anunciara el secretario de Planificación, Andrés Mideros, la invitación haya llegado aún al despacho opositor.

PAIS, un movimiento acostumbrado a lavar los trapos sucios en casa, sufre su primera crisis pública a tan solo 43 días de Gobierno y en el arranque de una Legislatura con mayoría holgada, donde solo cinco curules separan al oficialismo de perder el control del Pleno, en mitad de múltiples investigaciones políticas por corrupción y un juicio político en proceso contra el vicepresidente Jorge Glas, bajo acusaciones de supuesta concusión.

La reunión en Carondelet, con característica de intervención ante una crisis y sin acceso a la prensa, terminó por emparejar el discurso oficialista hacia la comprensión, hacia el no es tan grave como parece, tras un intento de Moreno por evitar la ruptura “no se ausenten por las diferencias”, pidió al bloque que preside. Los pocos legisladores que declararon tras la cita, se sumaron al discurso alivianado: “A veces son buenas las críticas para reforzar los lazos”, dice Carlos Bergman; “le debemos respeto a los dos”, apunta Augusto Espinosa; “estas relaciones no son tan antinaturales como ciertos sectores lo quieren mostrar”, defiende Pabel Muñoz.

Pero aunque ante los micrófonos abogan por esta tesis, fuera de grabadora, la mayoría admite que la fractura es profunda y en algunos casos “irreversible”.

Cualquiera que sea el caso, la pugna ha sido lo suficientemente estremecedora como para sacar a Correa de sus cuarteles de invierno mediático y, por primera vez desde la entrega de la banda presidencial, se dispuso anoche a hablar para la prensa pública sobre política nacional y, particularmente, sobre el diálogo que conmociona a un partido acostumbrado a decidir en solitario. Hoy cogobierna.

Nebot defiende el diálogo

El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, reiteró que está dispuesto a colaborar con los diálogos planteados por el presidente de la República, Lenín Moreno, y aclaró que las conversaciones que han mantenido no han sido políticas, ni a cambio de prebendas, y que además, no implican renunciar a lo que creen ni se habla sobre discrepancias que no tienen solución, “se habla sobre coincidencias” que son necesarias.

Nebot aseguró estar dispuesto a aunar esfuerzos en función de lo que, mutuamente, se coincida y convenga al Ecuador. “Nuestro diálogo no es político, no es a cambio de cosas ni de prebendas que no queremos, ni aceptaremos, ni las han ofrecido. Nuestro diálogo será por el país en tanto y en cuanto no sea de sordos, sea productivo y conveniente para el Ecuador”.