Los borregos

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Los borregos

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Cuando pensamos en los borregos, la imagen que se proyecta es la de un animal poco inteligente, que es parte de un rebaño arreado por un perro y cuidado por un pastor, que es además codiciado por las fieras hambrientas. Borrego y oveja es lo mismo; el cordero es el espécimen de menos de un año, asociado con el sacrificio en la tradición hebrea y cristiana (“el Cordero de Dios”). Pero ¿cuán lejos estamos los humanos de los borregos en lo referente a la capacidad crítica de pensar y decidir, de no ser del redil, y de entender la diferencia entre causalidad y casualidad? La evidencia experimental es reveladora, tal como lo argumenta Richard Nisbett, profesor de psicología de la Universidad de Michigan y autor del clásico “La Geografía del Pensamiento”, en una entrevista en el sitio www.edge.com

Relata Nisbett que, convocados por el Foro Económico Mundial, a un grupo de panelistas les fue encomendado articular soluciones que faciliten la convergencia entre la búsqueda de los intereses individuales y los de la sociedad. El vocablo recurrente en la discusión fue “incentivar”, haciendo referencia a los estímulos económicos y al dinero. Hay, continúa Nisbett, formas más poderosas de incentivar el comportamiento si se crean situaciones de convivencia social que le permitan a cada persona comparar sus acciones y asimilar su comportamiento al resto. La mímica del comportamiento, tal como ocurre con los borregos, es por lo tanto socialmente dominante.

Para ilustrar su tesis, Nisbett expresa que cuando decidió tomar clases de tenis, muchos de sus amigos hicieron lo propio, y que cuando se alejó de las canchas estas quedaron vacías; posteriormente decidió dedicarse a deportes de montaña y, cual su sorpresa, ahí volvieron a aparecer sus amigos, hasta pasada la novelería.

La mímica es el instrumento de aprendizaje del lenguaje (¡y explica por qué Tarzán podía hablar con los monos!). La mímica también explica el seguimiento a los líderes, cuyo mayor atractivo es, precisamente, el carisma o la habilidad para arrear al electorado. Obviamente, el carisma no hace al estadista, como lo prueba una y otra vez la presencia de demagogos que, trepados en un estrado, pueden embrujar con promesas que ni siquiera tienen interés en cumplir.

Lo que nos lleva a la observación sobre causalidad, casualidad y correlación. Los análisis estadísticos utilizan la metodología denominada la “regresión multi-variable”, buscando concatenar las relaciones de causalidad entre eventos, factores y resultados mediante explicaciones supuestamente rigurosas. El problema, como también lo anota Nisbett, es que lo que puede ser interpretado como causalidad no pasa de ser correlación y autoselección. Hay ejemplos abundantes de autoselección y correlación (salud, educación y fortuna; prudencia, equilibrio y larga vida; fortunas mal habidas y miseria consecuente). El problema radica en creer que la aplicación de métodos estadísticos al entendimiento de los temas sociales es inapelable cuando la aplicación de tales herramientas para explicar causa y efecto es no solo errada sino peligrosa.

La conclusión es que algo de borrego tenemos; pero hay unos que lo tienen más que otros.

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