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Bello Eden
“Sin dejar de atender la prosperidad y embellecimiento de las diversas poblaciones de la República, Guayaquil puso todo su esmero en darle a Bello Edén la supremacía entre todos los países del universo”. De esta manera en 1901, Manuel Gallegos Naranjo iniciaba su obra Guayaquil. Novela fantástica, donde describía un país imaginario, cuyo presidente -llamado Guayaquil- desarrollaba proyectos de embellecimiento para la ciudad de Bello Edén, capital de la República, la que debía convertirse en la más importante del mundo conocido. Luego de la muerte del presidente Guayaquil, Bello Edén sería rebautizada con su nombre, para perennizar en la historia a quien había sido su gran líder.
Desarrollaba Gallegos sus ideales de una ciudad moderna que había superado sus necesidades higiénicas y sanitarias y concretaba nuevos ideales de estética urbana: “Todas las calles de la ciudad estaban canalizadas y empedradas. Todas las casas y edificios públicos tenían desagües, tuberías de fierro para el agua del consumo diario y para el socorro, en los casos de incendios (...). El Malecón, en su extensión de siete leguas, tenía setenta metros de ancho y estaba embellecido, de trecho en trecho, con jardines de vistosas y fragantes flores y estatuas de personajes célebres. Cada barrio contenía siete grandes teatros y veinte pequeños, pues el pueblo ya no gustaba de los títeres ni de las maromas: se deleitaba más con los dramas y las comedias” (...). Sin embargo de este visible progreso, aplaudido por todo el mundo, Guayaquil no estaba aún satisfecho de sus obras. Deseaba todavía embellecer más a Bello Edén y al mismo tiempo establecer en otras ciudades del universo, reformas y mejoras que les eran necesarias”.
Pero no todo podía ser perfecto: “Transcurridos siete minutos, violento sacudimiento terrestre, universal, acompañado de ruidos subterráneos espantosos, llenó de horror a todos los habitantes del mundo. La ciudad de Guayaquil se hundió a sesenta metros de profundidad. Enseguida lluvia copiosa de tierra arcillosa llenó aquel vacío, dejando visible una extensa sabana”.
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