Barrios, vecinos y fiesta de Navidad

Hoy Guayaquil es una ciudad cada vez más moderna, y la de mayor extensión y concentración demográfica de la provincia y del país.

En el lenguaje sociourbano y en la cultura que de ella fluye, desde 1970 al presente en esta urbe convergen y se funden, con gran intensidad y frecuencia, los nombres de las ciudadelas antes que de los barrios y vecindades tradicionales. Este siempre será el precio que deben pagar las sociedades cuando su crecimiento es masivo y expansivo, así como con reglas y códigos de la nueva modernidad. En ella los vecinos y barrios ya no son los ejes básicos de referencia ni el factor de vínculo humano y fraternidad de quienes nacieron, crecieron y vivieron en ella. Actualmente se habla más de ciudadelas y ya no de barrios y vecindades.

Sin embargo, y por esas cosas y paradojas que tiene la reiteración de la tradición, que no se anima a quedar en el pasado, en las fiestas de Nochebuena, Navidad y fin de año, aquellos renacen. Lo hacen en estas temporadas para recordarnos que la relación, núcleo y vínculo de mayor riqueza humana, social, psicológica y cultural está en el despliegue de los nexos barriales y de los vecinos que en ellos viven. Esto no debe llamar la atención, pues en distintos barrios y vecindades se engalanan sus sitios de vivienda y calles con diversos motivos propios de este tipo de festividades. Por eso en cada una de esas viejas y nuevas barriadas, así como en las renovadas y antiguas vecindades, constantemente aparecen diferentes hechos y cuadros representativos de nacimientos, árboles de Navidad y la exhibición de los típicos y tradicionales años viejos. Incluso estos se han modernizado. Ya en las últimas décadas parece que han surgido en el lenguaje coloquial lo que se denominan barriadas y vecindades de los monigotes gigantes.

Es curioso que no sea en las nuevas ciudadelas modernas donde están concentrados los barrios y calles que tienen mayor iluminación, que hacen los mejores nacimientos, los árboles de Navidad y los monigotes sino que se dan en el Guayaquil profundo. En efecto, solo se muestran en la urbe de ayer, que revive y muestra el valor y la importancia humana y psicosocial de la barriada y de la vecindad en este diciembre festivo. Bueno es para la ciudad que esas tradiciones no terminen sino que se reediten en estos tiempos.