
Barcos dragon tradicion china
José Álvarez Díaz EFE, especial para SEMANA
Tras diferentes épocas de prohibiciones, ya en tiempos de la República Popular y después de solventar varias décadas de abandono y de condena oficial, la tradición de las carreras de barcos dragón empezó a recuperarse en los años ochenta y ahora se ha convertido, de nuevo, en una festividad anual muy esperada en incontables pueblos y barrios de grandes ciudades de China.
Hong Kong no sufrió esas prohibiciones y las carreras son, desde hace tiempo, uno de los acontecimientos lúdicos y sociales más multitudinarios de la urbe.
Desde Cantón y Hong Kong, en la costa sur, a Shanghái y Suzhou, en la desembocadura del Yangtsé, la propia competición vuelve a ser una actividad que ilusiona a cientos de equipos vecinales, estudiantiles o de puros entusiastas de este deporte, mientras las mismas autoridades que antaño trataron de abolirla ahora la retransmiten con orgullo por las televisoras locales y ven en ella una seña de identidad cultural muy china, que tratan de cuidar, fomentar y divulgar.
Práctica milenaria
No siempre fue así, pero la tradición lleva más de dos mil años enraizada en el folclor y, a pesar de los intentos por erradicarla durante la Revolución Cultural, hace medio siglo, con el desarrollo del país y la incipiente recuperación de su cultura ancestral, las carreras de estas embarcaciones parecen más vivas que nunca. En el imaginario de los chinos la actividad festiva se asocia, sobre todo, a tres ideas: la fecha de su celebración, cerca del verano; el sentimiento de lealtad a la patria, personificado en el poeta Qu Yuan, que vivió hace 24 siglos; y la preparación y consumo en esas fechas de ‘zongzi’, bolitas de arroz glutinoso que contienen algo de carne o de verdura, según las variantes locales, pero siempre envueltas en alargadas hojas de bambú. En la mente de cualquier observador occidental, lo que más suele quedarse en la memoria de esta celebración es el colorido ambiente de estas carreras de largas y estrechas naves, decoradas a proa y a popa con cabeza y cola de dragón, y que son impulsadas con gran sincronización por una línea de remeros en cada lado, al ritmo del ‘latido’ del dragón, que se marca desde la proa con la grave sonoridad de un tambor tradicional chino.
En Occidente se le llama ‘Festival de los Barcos Dragón’, aunque en realidad se conoce en mandarín como ‘Duanwu Jie’ (o ‘Tuen Ng’ en cantonés), es decir el ‘Festival del Comienzo de la Séptima Ramificación’ del calendario ancestral de los primeros reinos chinos, en su forma más antigua (es decir, el antiguo día siete del mes número siete), aunque desde hace siglos se celebra en realidad el quinto día del quinto mes del actual calendario lunar. Este año fue el 9 de junio. Según un estudio de la Universidad Nacional Deportiva de Taiwán, hay constancia escrita de estas carreras desde hace casi dos milenios y medio, cuando probablemente comenzaron a celebrarse en relación con algún tipo de ritual ancestral.
La historia de Qu Yuan
Sin embargo, desde muy pronto fueron asociadas con una conmemoración de Qu Yuan, poeta y consejero real del siglo III antes de nuestra era, hacia el final del período de la historia de China conocido como el de los Reinos Combatientes. En aquella época diferentes estados feudales rivalizaban en el este y el noreste de lo que hoy es el país y, aunque todos tenían en su imaginario la idea de una sola China unida, en la práctica se repartían el territorio y cada uno se veía a sí mismo como el legítimo gobernante de lo que para ellos era la totalidad de la civilización conocida.
Qu, además de escribir poemas reverenciados aún hoy, como sus 64 ‘Chuci’ (‘Cantares de Chu’), fue ministro precisamente de uno de esos Reinos Combatientes, el que era conocido como Chu, cuya costa se extendía por las actuales provincias del delta del río Yangtsé (Jiangsu, Shanghái y Zhejiang).
En aquellos tiempos Chu estaba totalmente minado por la corrupción, que Qu trató de combatir apoyando medidas con las que se ganó la enemistad de su propia aristocracia. Los nobles conspiraron para apartarlo del favor real, lo que lo envió al exilio en varias ocasiones.
Qu había llegado a ser la mano izquierda del monarca de Chu (su segundo principal consejero) y le había advertido siempre de la amenaza del vecino reino de Qin, que se aprovechaba de su corrupción para tratar de debilitarlo hasta poder anexionárselo.
Cuando años después, exiliado en los confines de su reino, el ejército de Qin invadió finalmente Chu, tal y como había vaticinado, el poeta y consejero caído en desgracia sintió tanta desesperación e impotencia que se suicidó arrojándose al río Miluo, en la actual provincia de Henan y en los remotos límites suroccidentales de lo que era entonces Chu.
Según la tradición, los habitantes de la zona, al conocer lo ocurrido, tomaron todas sus barcas y se lanzaron al río, tocando tambores y platillos para espantar a los peces, a los que también arrojaban bolas de arroz, para que se hartaran con eso y no mancillaran el cuerpo del estadista y poeta.
De los espíritus
Se cree que desde 277 antes de nuestra era, se recuerda a Qu, fiel hasta el último momento a la misma patria que lo había ignorado y desterrado. De ahí también que se haga con coloridos barcos decorados como dragones, espíritus bienintencionados de las aguas en el imaginario chino, que compiten cada año en un ambiente festivo. Siglos después, pero aún dentro de la vasta antigüedad de China, hubo distintas etapas de prohibición de estas carreras, que empezaron siendo una costumbre más bien propia de los habitantes del sur y aunque poco a poco fue aceptada dentro de la cultura dominante de la etnia mayoritaria ‘han’, supuso una frecuente causa de tensiones entre gobernantes y gobernados.
Desde la dinastía Song del Norte (siglos X a XII) el dragón se convirtió en símbolo de uso exclusivo del emperador, aunque las carreras seguían celebrándose en muchos lugares del interior de China, sobre todo a orillas del Yangtsé, según explica el estudio de Chang Li-Ke. Con el paso de los siglos, la costumbre se convirtió con naturalidad en una tradición más de la cultura china, aceptada y disfrutada sin especiales dificultades oficiales, aunque ya en la China comunista volvió a verse reprimida.
Irónicamente, en los años 50 Qu Yuan seguía siendo un símbolo de patriotismo dentro de la historia del país, pero a partir del Gran Salto Adelante (1958-61) estas carreras comenzaron a prohibirse.
La prohibición se agravó con la Revolución Cultural (1966-76), cuando uno de los objetivos era “acabar con lo viejo para que venga lo nuevo”, y los barcos dragón pasaron a ser vistos como una actividad atrasada, ‘feudal’ y ‘antirrevolucionaria’.
Esto supuso un abandono temporal de la tradición y que muchas embarcaciones fueran destruidas. Pero algunas cabezas de dragón decorativas fueron escondidas por la gente en distintas zonas del país, hasta que pudieron salir de nuevo a la luz.
Las carreras no regresaron hasta los 80, cuando volvieron a verse con la naturalidad y orgullo nacional con que se celebran, en China, Hong Kong y comunidades chinas de países del sudeste asiático.
Una actividad muy popular
En primavera es común encontrar tripulaciones entrenando en ríos, lagos y canales de las costas del sur y este del país, una visión que constituye un pequeño espectáculo, con remeros sacudiendo el agua al ritmo rápido y regular del tambor.
Como deporte se ha convertido, de hecho, en una actividad muy popular para aumentar la cohesión entre vecinos y estudiantes, de manera similar a como pueden ser las traineras del Cantábrico español o las embarcaciones de remo en universidades anglosajonas, aunque con diferencias notables.
Tradicionalmente las embarcaciones de competición llevan 22 personas (20 remeros, con un tamborilero en la proa para marcar el ritmo y un timonel a popa), aunque algunas llegan a tener medio centenar de integrantes, o también una decena, siendo mucho más populares entre los aficionados.
“En comparación con las regatas occidentales, nuestros remos son más cortos y las paladas se hacen de manera más vertical, adelantando el cuerpo en la clavada y retirándonos del agua también casi en vertical, muy bien sincronizados, para no golpear ni molestar al remero que tengamos detrás”, explica Wang Yi, instructor de remo, a orillas del estanque shanghainés del Parque Changfeng.
“Los barcos dragón no son de banco móvil, como en las embarcaciones occidentales, y el remo se lleva en la mano, por lo que el truco está en dar paladas muy cortas, verticales y bien sincronizadas”, reitera.
El resultado llega a ser impresionante, con todos los integrantes dando un gran impulso a estas afiladas naves al ritmo de los tambores de cada dragón, un espectáculo que hace brillar los ojos de entusiastas como Wang, que califica a la disciplina como la “reina” de los deportes de remo de China.