Actualidad
Los aviones presidenciales
Dicen, los que de eso saben, que los pescados se pudren desde la cabeza y luego contaminan todo el cuerpo. Lo cierto es que aquí ya no cabe decir, como el centinela Marcelo al príncipe Hamlet, que algo huele mal en Dinamarca. Aquí, de casi todo emana un olor nauseabundo. Y no me refiero solo a las ciudades que tienen defectuoso su alcantarillado. Incluyo a buena parte de la institucionalidad pública.
El pus salta hasta en instituciones que debieron permanecer inmaculadas, tal cual la Universidad de Guayaquil. Me duele y me avergüenza lo que denuncian que ha estado ocurriendo en la ‘alma mater’. Ya era duro escuchar críticas sobre su calidad académica. Resultan lacerantes los comentarios sobre su situación ética. Las debidas aclaraciones son indispensables. A riesgo de que mañana digan justificando la corrupción: ¿y qué quieren?, si hasta los rectores son acusados de malos manejos.
Sin duda, con los rumores sobre lo que ocurría en las altas esferas, pareciera que todo el cuerpo social asumió como nueva norma republicana, propia del socialismo del siglo XXI, que enriquecerse desde los cargos públicos era una obligación del buen revolucionario, orientada a cambiar la composición, la estructura misma, el origen de clase en definitiva, de los hombres ricos del Ecuador.
Desde esa concepción, orientada al asalto de los fondos públicos, además con impunidad garantizada por la pertenencia al partido en el poder, el abuso era la mínima consecuencia a ejercer.
En efecto, el abuso se dio en todos los campos, desde el abuso de la palabra hasta la violación de los derechos humanos. Desde las raterías hasta los grandes negocios como los de Odebrecht y otros que no menciono, dado que “por ahora” no están judicializados pero, algún día lo estarán.
Uno de esos abusos, flagrante, es visible en lo referido a la utilización de los aviones presidenciales. Vuelos de interés personal con fondos públicos. Peor todavía, y es lo que queda por averiguar, vuelos raros, sin pasajeros, a paraísos fiscales. El tema da para hacer bromas pero he creído obligatorio tratarlo en serio.