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Autosuficiencia para Afganistan

La Conferencia de Bruselas sobre Afganistán marca una importante oportunidad de crear una hoja de ruta para el futuro del país, más directa a la prosperidad -ahora lejana debido a profundas deficiencias en el suministro de ayuda y gobernancia doméstica. Desde que Ashraf Ghani fue electo presidente en 2014, la ayuda a Afganistán ha declinado marcadamente y no ha promovido la construcción del Estado: los donantes internacionales muchas veces eludieron al Gobierno afgano para financiar proyectos independientes discretos. Entre 2002 y 2010, el 82 % de los 56.000 millones de dólares de ayuda suministrada a Afganistán se gastó a través de instituciones no estatales. Los donantes creían que el Estado afgano era demasiado débil y corrupto como para usar su dinero de manera efectiva. Y no estaban del todo errados: el clientelismo y la corrupción siguen descontrolados en Afganistán. El foco en la ayuda a través de instituciones no estatales ha creado un sector privado para los bienes públicos que, en términos fiscales, es más grande que el propio Gobierno de Afganistán. Esto ha minado la efectividad de las instituciones estatales, aumentado los costos (al exigir múltiples acuerdos contractuales) y, en algunos casos, exacerbado la corrupción. Otro problema con la ayuda reside en su distribución. De 2002 a 2010, los donantes canalizaron más de la mitad de la ayuda total al sector de seguridad. La ayuda para el desarrollo también tendió a destinarse a objetivos militares, especialmente en áreas inseguras. Mientras tanto, solo el 3 % de la ayuda total se invirtió en educación. El 75 % de la ayuda total para el desarrollo suministrada a Afganistán debería canalizarse a través del presupuesto gubernamental y los sistemas nacionales. Esto puede y debe lograrse en 2018. Por supuesto, una estrategia de estas características solo puede funcionar si el Gobierno mejora la propia manera en que brinda los servicios públicos, impulsando incluso la calidad de la administración pública y liberándola de las presiones políticas. La buena noticia es que el Gobierno de Ghani ya ha reconocido los problemas. Sin embargo, hasta ahora, el progreso ha sido lento, pero puede acelerar el ritmo del progreso si introduce un sistema mucho más meritocrático de contratación y promoción en la administración pública. Una política de tolerancia cero con la corrupción -especialmente en el sistema judicial, el sector financiero, el comercio, la minería, la policía y los ministerios de salud y educación- es esencial. Si bien los desafíos que enfrenta Afganistán son inmensos, no son insalvables. Un mejor suministro y distribución de la ayuda, junto con reformas profundas de la gobernancia e inversiones inteligentes, pueden colocar al país en el sendero de la prosperidad. Después de décadas de guerra e inestabilidad, esto es para bien de todo el mundo.

Project Syndicate