Autoestima deportiva

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Autoestima deportiva

Las gestas deportivas son las que más elevan la moral y la autoestima de un país. Y las que más unen los anhelos de sus habitantes. La medalla de oro de Jefferson Pérez en Atlanta 96, el triunfo de Andrés Gómez en Roland Garros o el debut de la Tricolor en el Mundial de Fútbol de Corea y Japón son imágenes que todos los ecuatorianos guardan en su memoria con la emoción del momento vivido. El deporte, aparte de sus innegables beneficios saludables, articula los países, fomenta las relaciones sociales y encarrila a la juventud por caminos que merece la pena transitar porque es la mejor arma para combatir las vulnerabilidades de los espíritus en formación.

Todo lo que un país invierte en deportes se ahorra en la construcción de hospitales. No hay pues dinero mejor empleado. La actividad deportiva debe ser incentivada con mejores instalaciones, con posibilidades para la práctica del mayor número de disciplinas posibles. Guayaquil cuenta con un buen número de instalaciones para la práctica deportiva que se han ido levantando a lo largo de los años por iniciativas públicas o privadas y otros al calor de la organización de eventos internacionales de prestigio.

Ahora muchas de estas pistas deportivas se presentan descuidadas y sin uso. El estadio Modelo, las piscinas de los Cuatro Mosqueteros, la pista de atletismo Víctor Emilio Estrada, el conocido como Monstruo Naranja, se riegan por la ciudad como ejemplos del abandono de los encargados de gestionarlas.

Los medios de comunicación, EXPRESO entre ellos, han expuesto en las últimas semanas la deplorable situación en que se encuentran estos escenarios que deberían ser hervideros de actividad llenos de jóvenes aspirantes a atletas o simplemente amantes del deporte. Los profesionales no encuentran las mejores condiciones para la preparación más adecuada.

Urge una intervención inmediata de la Secretaría del Deporte y de Fedeguayas para poner la casa en orden. El dinero o la falta de él no pueden ser la eterna excusa para justificar esta dejadez sin nombre. Las medallas y los triunfos demandan este esfuerzo. Los jóvenes lejos de la droga, mucho más. Porque si no, en vez de elevarnos la moral podemos sumirnos en la desesperanza. Es hora de ponerse a competir.